Javier Alemán

Casos Clínicos (I)

In Casos Clínicos, Psicopatología on noviembre 11, 2010 at 11:31 pm

Merodeando por los apuntes de la carrera (un viejo vicio con el que de cuando en cuando me recreo), he topado por mi informe de prácticas de fin de carrera. La verdad es que tuve una suerte increíble: poder estar cerca de seis meses visitando una unidad de agudos en el hospital psiquiátrico de Tenerife. Para alguien con mi gusto por la psicopatología, y deseoso de aprender, no pudo haber una experiencia mejor con la que culminar la universidad.

El caso es que me he encontrado también con la descripción de los pacientes a los que entrevisté, y creo que sería interesante compartirlo para que la gente no familiarizada entienda un poco mejor lo que es “la locura”, más allá de las anécdotas que pueda dar. A mí, por lo pronto, me sirve para releerlo y darle la vuelta a conceptos que se me iban olvidando, y si a alguno de los que lee esto le gusta o le parece interesante, mejor que mejor.

Por cierto, y que quede claro, antes de nada, que no voy a dar ningún dato personal, ni siquiera iniciales, porque esto es estrictamente confidencial. En este caso se trata del primer interno con el que me entrevisté, con el que llegaría a jugar a ping-pong de cuando en cuando y que, a pesar de su patología, era perfectamente consciente de los riesgos del deporte de élite (había estado a las puertas de serlo). Con muchos meses de antelación, fue capaz de predecir que Nadal se rompería. Y hablamos de alguien con esquizofrenia…

Paciente 1

Historia y síntomas: Varón de 43 años de edad, soltero y viviendo con la madre. Inactivo laboralmente, ha sido remitido desde la unidad de agudos del HUC (donde ingresó por intervención de la policía, debida a conductas heteroagresivas), con el diagnóstico de “trastorno esquizoafectivo”. Al parecer, su abuelo y tío por parte paterna padecieron de enfermedades psiquiátricas sin especificar, y uno de sus hermanos se suicidó en 2002 durante el curso de un cuadro psicótico. Otro de sus hermanos también padece una enfermedad psiquiátrica sin especificar. Desde 1985 se le diagnosticó de trastorno esquizoafectivo y hubo múltiples ingresos, con mala adherencia al tratamiento. Anteriormente había estado compitiendo a nivel elevado en tenis. Frecuentes desapariciones del domicilio.

En el momento del ingreso el paciente está consciente y bien orientado, con discurso espontáneo y excesiva gesticulación. Manifiesta ideas delirantes de tipo esotérico e ideas de persecución en el entorno familiar. Son frecuentes las crisis ansiosas y cuadros psicóticos con remisión incompleta, que le hacen tener una consciencia parcial de enfermedad.

Exploración: Lo primero que se observa en la entrevista es que el paciente es muy cordial y que tiene un buen vocabulario. Sabe qué edad tiene y tiene la memoria conservada. Reconoce estar en un hospital psiquiátrico, pero dice no estar por su propia voluntad ni necesitarlo. Lo curioso es que dice que estar en el hospital le ayuda con los efectos que le causa la medicación, que reconoce que necesita, pero no asocia a la esquizofrenia. Maneja mucha terminología clínica, probablemente por el tiempo que lleva interno. Durante la entrevista habla mucho, de manera hipercontroladora. Habla de sus ideas delirantes, relacionadas con un dios al que le reza y a cambio hace que su cuerpo cambie y él inicie un proceso de metamorfosis para convertirse en otra entidad. Dice hacer estudios de mercado en los colegios (se queda mirando por fuera) y desear el bien y la paz para todo el mundo. Se lleva bien con sus compañeros y dice enseñarles a jugar al ping-pong (luego vemos que es cierto).

Diagnóstico: Esquizofrenia paranoide en remisión parcial (CIE-10)

Anécdotas: Nos sorprendió la cordialidad y el trato tan amable del paciente y que apenas tuviera síntomas negativos ni déficits cognitivos, frente a muchos de sus compañeros de planta. La conversación con él fue bastante agradable y con poca ansiedad. En el curso de las visitas al hospital se seguía acordando de nosotros y saludándonos cada vez que nos veía, llamándonos por nuestro nombre. En uno de los momentos en los que estuvimos entrevistando a los pacientes en planta, fuera del despacho, tuvimos la oportunidad de jugar un poco con él a ping-pong, con la idea de observar su comportamiento en ese instante y modelarle conductas de baja competitividad y colaboración con los demás.

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