Javier Alemán

Luces y sombras de viajar con Iberia

In Personal on noviembre 17, 2010 at 10:41 am

Parafraseando a Nueva Vulcano, la T4 es agotadora. Es lo que debí haber pensado cuando saqué billetes con Iberia para ir el fin de semana pasado a Madrid. Pero no aprendo, y una suculenta oferta (yuhu, “sólo” 110 euros con descuento de residente) me nubló la vista. Ahora que se suben a la parra con los precios de los billetes de avión, hay que actuar con velocidad, y yo compré sin pensar, cual inversor comprando acciones de Lehmann Brothers.

La ida fue sorprendentemente bien. O casi. Al llegar al aeropuerto de Las Palmas, tempranísimo, una amable mujer en el mostrador de facturación, me informa de que hay overbooking. Yo, emulando a mi gata, abro los ojos como platos, pero sabe cómo calmarme. Me dice que si le cedo mi asiento a un pasajero con tránsito en Madrid (ya que yo voy y me quedo, sin riesgo de perder aviones), la compañía me da 200 euros y un bono de comida para el aeropuerto. El dinero fácil me pierde y acepto: sólo tengo que esperar dos horas hasta que salga el siguiente avión.

De nuevo, sorpresa. No pasa absolutamente nada malo hasta que llego a Madrid. Me entretengo leyendo y el tiempo, por una vez en la historia de los aeropuertos, pasa rápido. Llego a la T4, infausta T4, voy a exigir mis 200 euros, y me los dan. En ese momento, pobre de mí, no sabía que estaban gestando su venganza. Porque lo que la T4 te da, la T4 te lo quita. Tengamos en cuenta que ni siquiera tuve que esperar por la maleta (las demás veces o me ha desaparecido y la he tenido que esperar 3 horas, o ha tardado un cojón). Bueno, algo malo sí pasa, pero pasa siempre: el impuesto revolucionario de Esperanza Aguirre. Vamos, pagar un euro por salir del aeropuerto.

Paso un fin de semana de ensueño en Madrid, y cuando llega el momento de partir, el domingo, Dios se levanta con el pie izquierdo y decide pagarla conmigo. Mi chica me acompaña hasta el aeropuerto y cargamos con una de las gatas, para que se quede ya en Gran Canaria (previamente se lo solicité a Iberia al adquirir el billete y no pusieron problemas). Bien, llegamos a la T4 y pasa lo que siempre pasa: autocheck-in porque está PETADÍSIMA. Colas por todos lados, gente perdida, mostradores saturados…Yo voy con una sonrisa a la máquina de check-in pensando “hoy no me pilláis”, y vaya que si me pillan. La última vez que lo hice con una máquina de ésas, nos dio asientos pero no nos dio la tarjeta de embarque, con lo cual hubo que hacer cola de nuevo…

Esta vez es peor. La máquina me dice que no puedo hacer la operación y que vaya a un mostrador. Buscamos alguno con poca cola, y nos ponemos en el que no tiene kilómetros. Al rato un empleado nada amable nos desaloja y nos señala el principio de la cola, aproximadamente en Navacerrada. Cabreados nos vamos de allí y veo una cola casi vacía, que supongo usará la gente que esté a punto de perder el vuelo (y si le toca salir de la satélite seguro que lo pierde…). Le lloramos a la señorita que guarda la cola y nos deja pasar. Nos atienden rápido y nos dan un justificante para pagar los portes de la gata (que a estas alturas está aterrorizada tras llevar horas de movimiento en el transportín).

Pero vuelve la tragedia. Para pagar los portes hay que hacer cola en los stands de venta de billetes. Me echan de uno porque sólo atienden a “menores sin acompañantes adultos”, voy corriendo a otro y hay una cola que no se ha movido desde que llegué. Miserablemente, me cuelo llorándole en inglés a unos sudafricanos a los que estaban asistiendo y consigo pagar con relativa rapidez. Sólo queda el control…Sí, ese único control de acceso para un aeropuerto enorme (acabo de ver que ha sido premiado por su diseño, no entiendo aún por qué). Ese control de acceso que te hace perder vuelos porque te obligan a abrir la caja de un ordenador nuevo y sin estrenar, hasta el punto de quitarle la funda de plástico, para pasarlo por el escáner. Ese control en el que te amenazan a la mínima con no volar. Ése.

Bien, pues en el control me dicen que tengo que pasar el transportín por los rayos X y yo por el arco con la gata. ¿ESTAMOS LOCOS? Quien tenga un gato sabe que la mayoría no se deja coger, y con la cantidad de gente que hay ahí, con ese estrés insoportable para el animal…Intento razonar, pero no se andan con chiquitas: no vuelo si no hago eso. Como puedo, cojo a la pobre gata por el pescuezo e intento que sea rápido. Tardo en recoger las cosas porque la gente es subnormal y no entiende que hay mesitas donde poner sus cosas, ponerse el cinturón y demás, para que no peten la salida del aparato de rayos. Pero lo consigo.

El vuelo ya sale, ahora, sin más incidentes. Y menos mal, porque de tocarme ir a coger el avión a la satélite, podría haberlo perdido, habiendo llegado con más de DOS HORAS DE ANTELACIÓN. Ya nos pasó una vez, por lo mismo: colas en el acceso. Porque la terminal tiene que ser moderna y poco práctica, no como la otra parte de Barajas que tiene 300 accesos.

En fin, me había prometido a mí mismo no volar más con Vueling por el sufrimiento ocasionado continuamente por la T4. Ahora hago la misma promesa e incluyo a Iberia. Que se metan por el culo sus premios al diseño y hagan aeropuertos donde no sea una odisea coger un avión, que siempre que sales por ahí pasa algo.

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