Javier Alemán

Casos Clínicos (II)

In Casos Clínicos, Psicopatología on noviembre 19, 2010 at 8:51 am

Aquí una historia curiosa sobre cómo el juicio que se emite a la llegada del paciente hace que se quede ese primer diagnóstico, aún cuando debería evolucionar según cambian los síntomas. De todas formas, al ser tan variable y depender tanto del efecto de la medicación…¿cuándo asumir el cambio en el diagnóstico?

Historia y síntomas: Mujer de 29 años, cuarta de cinco hermanos. Criada por los abuelos, ya que sus padres fallecieron en accidente de coche. A finales de la adolescencia se va durante tres años a Lanzarote con la que es su actual pareja (mayor por 20 años que ella), donde se da un consumo elevado de tóxicos (cannabis y cocaína). Al volver sus familiares la perciben cambiada y suspicaz. Se calcula que lleva 8 años sin apenas salir del domicilio (que comparte con su pareja), con síntomas y sin recibir tratamiento psiquiátrico. Finalmente ingresa tras una denuncia de los vecinos, extrañados del tiempo que pasa en casa y de su estado.

Al ingresar se encuentra que tiene embarazo ectópico, que culmina en aborto. Durante la exploración inicial se encuentra desorientación en tiempo y lugar, y personal parcial (no reconoce familiares ni autobiografía). Habla desorganizada, con risa inmotivada, ecolalias y embotamiento afectivo. Nula conciencia de enfermedad. También se hallan amnesia anterógrada (sus padres siguen vivos para ella) y retrógrada, con elementos confabulatorios y falsos reconocimientos. Déficit de autocuidado y alucinaciones cronificadas que no generan repercusiones emocionales ni conductuales.

Exploración: Al comenzar la entrevista llama la atención lo recelosa que se muestra. Dice tener 25 años, pero recuerda bien su número de hermanos. No recuerda eventos biográficos importantes (muerte de sus padres y viaje a Lanzarote) ni sabe dónde está. Tampoco recuerda al novio. No queda claro si esta amnesia lo es en sí misma o se debe a una reconstrucción delirante del pasado, motivada por la enorme cantidad de tiempo sin recibir tratamiento. A menudo su respuesta es “no sé”. Aunque no tiene conciencia de enfermedad, sí reconoce tomar medicación para encontrarse mejor. Tras insistirle con preguntas reconoce haber consumido cannabis y cocaína. Reconoce también escuchar la voz de un hombre, que le murmura. Tiene dificultades de asociación de ideas, y también se observa una leve despersonalización.

Diagnóstico: Esquizofrenia paranoide (CIE-10) En el momento de la evaluación: Esquizofrenia desorganizada (y así se mantendría en el curso del tiempo)

Anécdotas: La paciente estaba el día en el que hicimos la visita al hospital, antes de elegir la unidad en la que haríamos las prácticas. Personalmente, me llamó mucho la atención por su comportamiento en la planta, se limitaba a deambular de un lado a otro, con la mirada perdida y sin mediar palabra. Reconozco que, en el momento, me generó mucha ansiedad ver, así, en directo, a una persona con un trastorno tan grave. Comentándolo con el tutor, tanto mi compañero como yo no entendíamos por qué tenía el trastorno de esquizofrenia paranoide, cuando parece un caso de libro de esquizofrenia desorganizada. Él nos explicó que se debe a que al ingreso lo que predominaban eran los síntomas positivos, sin estar tan claros los negativos.

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