Javier Alemán

La selección de personal, y una selección del personal

In RRHH on junio 30, 2011 at 3:19 pm

Es curioso ver que, mucha gente, cuando va a una entrevista de trabajo, va con una actitud distinta a la que el contexto demanda. Yo llevo ya unos cuantos años en esto de la selección de personal y el rango de anécdotas es inabarcable. De las más de cien entrevistas que habré hecho, probablemente hayan pasado cosas extrañas en al menos la mitad, pero mi recuerdo no llega a tanto. Voy a dejar un par de ejemplos, que me lo pide el cuerpo.

Antes de nada, dejar claro un par de cosas. Las entrevistas, en su mayoría, son en grupo, con luego entrevistas individuales para clarificar y un segundo proceso de selección al día siguiente. Y el puesto de trabajo para el que las hago es el de captador de socios para ONG’s, o fundraiser. Es un trabajo que se realiza a pie de calle (es importante dejarlo claro para entender algunos casos), “molestando” a los transeuntes para que colaboren con determinadas ONG’s. Empecemos pues:

– La entrevista finaliza explicando las condiciones económicas. Pregunto si hay dudas. Una chica se levanta y me dice que quiere hacer mi trabajo (responsable de la provincia), que tiene cartera de clientes y que dónde debe mandar su CV.

– Antes de empezar una entrevista le pido el CV a los candidatos. Uno de ellos mira nerviosamente el folio que tiene en la mano, y me dice que no tiene foto. Yo le explico que la foto no es necesaria, porque somos pocos y puedo recordar su cara. Insiste en salir a buscar la foto, pues “se la ha dejado en el coche”. No vuelve a aparecer.

– Una chica viene por “recomendación” de un compañero de trabajo. Lo hace francamente mal en la entrevista, probablemente creyendo que ya la han seleccionado. Como no la llamo, decide llamarme a las 11 de la noche (imagino de dónde sacó mi teléfono) para preguntarme por qué no la he cogido. Cuando le digo que en ningún sitio es el candidato el que llama y pide explicaciones, se sorprende.

– Mientras estamos realizando el segundo proceso selectivo, se presenta un chico de la entrevista del día anterior, al que no seleccioné. Pone cara rara cuando le digo que no puede pasar y me pregunta por qué. Le digo que no ha sido seleccionado y que yo no le he llamado. Me pide por favor que le diga en qué ha fallado, con los ojos muy abiertos. Al día siguiente me entero de que ha estado preguntando mi teléfono y cuándo es la próxima entrevista.

Las antípodas

– En una entrevista en Tenerife, una chica me pregunta dónde se trabaja. Le aclaro las zonas de trabajo, en las ciudades de Santa Cruz y La Laguna. Ella me dice que vive en la segunda, y que no tendría problema en trabajar sólo ahí. Le digo que normalmente se turnan y trabajan varios días en cada sitio. Con cara de sorpresa me dice que es demasiado moverse para trabajar. Hay un tranvía que tarda 20 minutos en conectar las dos zonas de trabajo. Y pasa cada 5 minutos.

– Esto me pasa en la oficina de Zaragoza, que está en la tercera planta del edificio. La sala de entrevistas está según se entra, pasando una puerta de cristal (con lo que el interior se ve perfectamente). Los candidatos se sientan, y me sorprende la diferencia de edad en una de las que hay: tiene unos 50 años y la gente a la que llamamos se mueve entre los 21-30. Pregunto si todos los que están vienen a la entrevista (hay veces que un acompañante espera fuera) y la señora mayor me dice que no, que es la madre de una de las chicas. Le digo que no puede estar en la entrevista, y me mira mosqueada. Le insisto y le pido por favor que salga. Va hasta la puerta, la deja abierta y se queda ahí, asomada. Me levanto y le digo que tengo que cerrar la puerta, me pregunta por qué.

– Finalmente, la más reciente: esta semana. El lunes pasado recibía una llamada de un número que no conocía en el teléfono de empresa. La persona que me llama se identifica como policía local de un municipio de Gran Canaria. Yo me acojono porque estuve por allí con un coche de alquiler días atrás. Pero no es para multarme. Es para presentarse y decirme que su hijo tiene al día siguiente una entrevista conmigo. Y que lo seleccione, por favor. Me cuenta gente que conoce en la ONG para la que trabajo y que está para lo que le necesite. Empiezo a sentirme en pleno L.A. Noire. Al rato me vuelve a llamar, preguntando por otra persona, le digo quien soy y me dice que se ha equivocado, y que a ver si nos tomamos un café un día de estos (imagino que asumiendo que voy a seleccionar a su hijo). Yo, sospechando lo que va a pasar, lo guardo en el móvil como “Pesado”.

Hago la entrevista y pasan unas pocas horas. No tengo muy claro a quien llamar. Mientras me lo pienso, “Pesado” decide darme motivos para que no coja a su hijo, y empieza a llamarme. Una vez, y otra vez, y otra vez. Durante horas. Me llaman de la oficina para decirme que su hijo ha llamado para que le comentaran a qué hora teníamos la segunda selección, porque (según él) yo ya le había dicho que estaba seleccionado. Al día siguiente, mientras estoy enfermo en casa, “Pesado” me sigue llamando durante horas. Parece que por fin se ha cansado (lleva unas 24 horas sin llamarme). A ver si no vienen los SWATS o empiezan a aparecerme multas.

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