Javier Alemán

El rol como precursor de la escritura

In Literatura, Personal, Rol on enero 21, 2012 at 5:28 pm

¡Cuánto echo de menos jugar a rol! Durante una etapa de mi vida fue prácticamente mi primera elección de ocio, muy por encima de los videojuegos (llegué a vender la Dreamcast para comprarme varios manuales), el cine o los libros. Quedar todos los sábados para jugar y luego ver una película se convertía en una experiencia religiosa y casi obligatoria. Y ahora, en 2012, hacen ya más de dos años y medio que no juego en mesa, ni de ninguna otra manera.

Mi historia con los juegos de rol, si mal no recuerdo, empieza a los 14 años. Tenía un compañero de clase que me había hablado de ellos (aunque yo ya los conocía por mi primo) y en una aburrida clase de Ética (¿sigue existiendo esta asignatura?) nos pusimos al fondo a jugar, por primera vez. No usamos dados, y la historia era algo en plan zombis, sin usar ningún sistema en concreto. No era más que una especie de partida “de muestra”. A mí me encantó y me quedé con ganas.

Lo siguiente fue incordiar a mi primo para que nos narrara una partida a mí y a unos amigos. Teníamos 15 años y fue a Hombre Lobo: El Apocalipsis, que podría decirse que es el primer juego de rol al que jugué. Fue un completo fracaso, ya que uno de los jugadores estaba más preocupado en boicotear y molestar que en hacer otra cosa. Tras eso conseguí que uno de los amigos de mi primo me prestara Vampiro: La Mascarada, y, al no tener nadie que nos dirigiera las partidas, y sin casi experiencia, decidí ser yo mismo el “narrador” (la persona que prepara la historia, la ambientación, controla a los secundarios…)

En aquella época yo aún no había empezado a escribir, nada de nada. Empecé al ponerme con las historias de los personajes, ya fuera a participar en una partida como jugador o narrador. Al principio no ocupaban más de una página y estaban llenas de clichés, ideas típicas y fantasías adolescentes, pero a medida que iba encontrando a gente con mayor interés por la interpretación que por tirar dados, íbamos avanzando. A eso ayudó mucho internet, pues había comunidades virtuales donde la gente discutía tanto de las reglas de los juegos como la información disponible; mientras iban surgiendo foros donde jugar partidas. Yo me enamoré de ese método, pues daba más tiempo a preparar todo, y a “regodearse” en la interpretación de personajes. Estos foros me ayudaron a subir el nivel, a interesarme más por la vertiente narrativa de los juegos y a conocer a varias de las personas más importantes de mi vida (mi pareja incluida).

Así, fui labrándome un grupo para jugar en mesa acorde a las expectativas que yo tenía de “cómo había que jugar” (o más bien, cómo me gustaba a mí jugar). Nos hacíamos mayores (tendríamos 18 años o así), e íbamos interesándonos juntos en determinados tipos de historias. Coincidió con una época en la que teníamos un lugar donde jugar (“el Zulo”) en el que podíamos movernos, manipular la iluminación, poner música, hablar alto…y la cosa iba derivando más hacia una especie de teatro improvisado que al puro y duro rol de mesa. Llegaron partidas ambiciosas como “When we were kings” y yo cada vez escribía más (para esa trabajé la ambientación de Toulouse, un montón de secundarios, y las directrices para que los jugadores crearan personajes). Nos habíamos adentrado en una ruta maravillosa.

"Anotaciones de un cirujano sobre un mundo enfermo", portada de la partida en foro

El verdadero punto de inflexión llegó con la partida “Mundo Enfermo”, y su continuación (aunque era una partida paralela) llamada “Anotaciones de un cirjuano sobre un mundo enfermo”, que jugamos vía foro. El título mola tanto que alguien lo ha usado para su blog. Tanto la partida en mesa como el desarrollo vía foro fueron el salto cualitativo de calidad que todos buscábamos. A partir de ahí seguimos jugando vía foro, cada vez esforzándonos más y más, escribiendo mejor y de manera continuada durante unos años. Quizá, a nivel productivo y de creatividad, fue la época más fecunda de mi vida.

Se convirtió en costumbre, y ese hábito de escribir algo casi todos los días, de preparar las partidas y llevar a muchos personajes en mesa y foro, fue cristalizando en una necesidad por ir más allá y escribir mis propias cosas. Ya había coqueteado con la escritura alguna vez (con un blog personal), y el tema de los foros iba decayendo, así que me puse a ello. Finalmente, viviendo en Bilbao, incapaz de quedar con mis amigos para jugar en mesa más de una vez al mes (cuando volvía a Tenerife); tuve la necesidad y la excusa: no había otra forma de dar rienda suelta a la necesidad de crear. Escribí mis primeros relatos, normalmente en medio de viajes en los que no tenía nada que hacer, noches en las que no podía dormir…Porque para mí, la escritura más que una alternativa de ocio, se había convertido en necesidad. Incapaz de tener constancia o ponerme horarios para escribir, sólo había chispazos espoleados por el estado de ánimo y la escasez de opciones (ay el ordenador, el tiempo que quita de vida…)

A mi vuelta a Tenerife pudimos retomar la tradición de jugar, a pesar de las deserciones asumibles por el cambio de amigos, de prioridades…Yo empecé a escribir, a la vez, “En el país de los acantilados” en 2008, y supe, durante una temporada, compaginar ambas aficiones y tener un cierto régimen de escritura. Y desde que terminé la carrera y “emigré”, la cosa con el rol (y casi la escritura) ha quedado parada. De hecho, creo que acabamos nuestra última partida una o dos semanas antes de irme a vivir a Madrid. Ahora me queda el gusanillo de volver a jugar (o narrar, que al fin y al cabo es lo que más he hecho) y recuerdo con cariño la afición que tanto tiempo me ocupó y acabó dándome la práctica y la valentía de lanzarme a escribir.

Y por otro lado, mientras añoro esas partidas, lucho por recuperar la capacidad de sentarme, y simplemente, escribir. Quizá esto ayude, y si no espero que esto sirva de pequeño homenaje a los buenos momentos que me ha brindado la afición, muchos de ellos más relacionados con mi chica y las amistades hechas (que en su mayoría siguen a día de hoy). Y a ver si así, leyendo esto, a alguno le pica el gusanillo y a pesar de los problemas logísticos nos animamos a jugar a algo juntos.

PD: Respecto a este tema hay una cosa que me jode en especial, y es que he perdido muchas de las historias de personajes, partidas, textos…La mudanza y el despiste me hizo no pasarlos a mi ordenador, y alguien se cargó repetidas veces el de casa de mis padres y hubo que formatearlo, sin recuperar eso. Por favor, si alguno guarda algún personaje o alguna otra cosa, agradecería que me los pase de nuevo. Especialmente los ficheros de Grapevine con la estructura de la partida y personajes, que fueron un curro mortal.

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