Javier Alemán

Hacia una psicología de aforismos y técnicas

In Psicología, Psicopatología on febrero 5, 2012 at 1:53 pm

Con la llegada del siglo XXI avanzamos hacia un mundo rápido y acelerado. Tan rápido y tan acelerado, que todo lo que hacemos va resumiéndose y simplificándose hasta la máxima expresión. La gente abandona los blogs para abrazarse a Twitter, la comunicación se hace más breve y las aplicaciones de la ciencia se convierten en algo perfecto cuando son brevísimas. No queremos razonar, no queremos sentarnos a pensar en lo que hacemos, no, lo que queremos son respuestas rápidas a los problemas, y que por favor no nos pidan dedicarle más de cinco minutos. No es de extrañar que con esto proliferen cientos de “terapias brevísimas”, asociaciones de expertos que mejoran nuestras vidas, coloquios con gente que mezcla budismo barato y proactividad, o, incluso, escuelas espirituales que enganchan a la gente.

Lo realmente preocupante ocurre no cuando es el público el que demanda ese tipo de soluciones (al fin y al cabo, nadie quiere que una situación desagradable se prolongue), sino cuando el profesional se enamora de lo breve, cuando se hace fan de la pura técnica y olvida el marco teórico que la sostiene. Eso, sin hablar del momento en el que pasa de leer un artículo entero a saltar a las conclusiones, sin molestarse en hacer caso al procedimiento ni al diseño de la investigación. Esto pasa mucho en redes sociales, donde se enlazan artículos llamativos y la gente se limita a retwittear sin pararse a pensar un segundo en si lo que dicen tiene algún sentido, o en cómo se ha llegado a esas conclusiones, abandonándose a una falacia del pensamiento que podemos llamar criterio de autoridad: “como lo dice alguien que sabe, será verdad”.

Así, con esa figura del superexperto, del speaker motivacional, se nos pueden endosar las mayores estupideces sin que hagamos el menor esfuerzo por intentar ir más allá. En estas conferencias, además, la presión de la gente asintiendo y el planteamiento emotivo nos termina por dejar KO, rindiéndonos al señor que tenemos delante. De esta manera, el público abandona al profesional y va corriendo al técnico y al libro de autoayuda, y lo triste es que el que ha pasado (como mínimo) cinco años de su vida estudiando, si quiere seguir comiendo, debe transformarse en un charlatán más. Podemos encontrar psicólogos que se decantan por caros títulos de problem-solving, coaching, PNL, motherfucking…Sin pararse a pensar si realmente ese conocimiento ya lo tienen en la cabeza, y si siquiera tiene validez externa, más allá de coherencia interna. Porque lo segundo es sencillo de lograr (que la propia teoría se sustente internamente y no se contradiga), pero lo primero (que tenga relación con la realidad), ya es más difícil de demostrar. Así pasa con cosas como el psicoanálisis, que son un bello cuento que lo explica todo, pero que puesto a prueba fracasa miserablemente.

Mi opinión es que todas estas “innovaciones” están contenidas en la psicología científica (me da igual la “escuela”), salvo las que no pasan de especulación y brindis al sol. El fundamental problema es que nuestro producto no es tan atractivo, no ofrece respuestas tan simples y absolutas, y no nos permite llenar powerpoints de citas de Yoda, proverbios hindús (que luego no lo son) y frases de Buda o Aristóteles que nunca dijeron pero al poner en pantalla nadie duda. La psicología no necesita eso para tener autoridad, porque ya tiene la que da la experimentación seria. Más allá del hecho de que un psicólogo pueda hacer todo eso y que poco a poco vayamos perdiendo cuota de mercado ante “técnicos”, lo verdaderamente preocupante es la transformación del propio profesional en técnico, y cómo se traslada a la sociedad que lo único importante son las herramientas para hacer un apaño y no saber cómo funciona el motor.

Esta “psicología de las técnicas” es lo peor que le puede pasar a uno. El pensamiento pragmático de “yo cojo lo que me funciona” sin saber de dónde viene ni a qué teoría apela, ni siquiera la validez empírica que pueda tener. No sería raro encontrarse a alguien que junta técnicas del psicoanálisis, de la terapia centrada en el cliente y lo suma a supuestos absurdos sobre neuropsicología. Y cuando llega el momento de que no funciona…¿qué hará? ¿Bucear a por una técnica más? ¿O limitarse a pensar que funciona porque su ego no le permite otra cosa? Cuando tengamos que asistir a una persona con un problema que no es el que estamos preparados para atender con nuestras técnicas específicas y superespecialización, ¿tendremos la humildad de reconocer que no podemos? ¿Adaptaremos la técnica de manera barata para que encaje en su problema?

Yo pienso que sin marco teórico, no hay nada. Sin una teoría robusta que me explique por qué hago lo que hago, estoy perdido. No me vale que Fulanito me lo haya explicado con un aforismo, ni haberlo practicado treinta veces, o que lo haya descubierto alguien muy listo. Lo que necesito es una base sólida, avalada por años de experimentación y replicación, una teoría a la que agarrarme que me permita seguir dudando de que sea la verdad absoluta y no me dé explicación para todo para no acabar creyéndome un dios de la terapia o la autoayuda. Tener un marco teórico me permite plantear hipótesis una vez se me agotan las técnicas, o revisar si algo de lo que he hecho no casa. Incluso, con este apoyo, puedo decidir que va a ser necesario irme a una escuela distinta que quizá explique mejor lo que quiero comprender o directamente descartar lo que estoy haciendo por entender que no funciona para algo en concreto. Y principalmente, tener un marco teórico y un conocimiento profundo de los procesos nos permite no ser engañados por charlatanes, poder valorar si un diseño de investigación es bueno, si un estudio no está dirigido hacia el resultado o si nos estamos dejando llevar por el orgullo y no por lo que sabemos.

Pero ay, esto requiere leer mucho, estudiar mucho y pensar mucho. Y un marco teórico, si es bueno, no nos da certeza absoluta y nos invita a cuestionarnos continuamente. ¿Y quién quiere eso, pudiendo pedir una pizza y tenerla en casa en menos de media hora?

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  1. […] me conoce, sabe de mi poco amor por la autoayuda, coaching y demás. Y quien no me conoce, ya ha tenido una muestra de ello en este mismo blog. En el Corte Inglés no me conocen aún. Aunque llevo dos años y medio viviendo en Las Palmas, […]

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