Javier Alemán

Fuerteventura

In Personal, Viajar on febrero 27, 2012 at 1:09 am

Llegué a Fuerteventura sin tener mucha idea sobre la isla, y una semana después la abandoné, todavía desconociéndola.

Por primera vez en mi vida, formaba parte del destacamento enviado a la isla para hacer socios. Normalmente no suelo hacerlo, en parte por la pereza que me da estar fuera de casa tanto tiempo, en parte porque alguien debe quedarse en Las Palmas sacando adelante el trabajo diario. Pero esta vez no. Esta vez fui uno más en la expedición, y decidí consagrarme en cuerpo y alma a la tarea de recaudar fondos, dejando el liderazgo en otro lado.

Más allá del trabajo en sí (que salió según lo previsto), lo cierto es que Fuerteventura es una isla peculiar. La segunda en tamaño de Canarias, tan sólo por detrás de Tenerife, una alargada extensión de tierra árida que pide a gritos ser recorrida de arriba a abajo en coche. Hay cierta poesía en sus rectísimas carreteras, plagadas de rotondas y ausentes de semáforos, hay una belleza extraña en el recorrido. A un lado puede verse el océano, mientras que al otro no para uno de encontrar casas a medio hacer, cientos de urbanizaciones olvidadas y dejadas de la mano de Dios, pasto de la crisis inmobiliaria. Da la sensación de que en Fuerteventura ha habido mucho dinero negro, y que una necesidad imperiosa de blanqueo ha hecho que sólo quede por edificar el propio mar.

Esta suerte de encanto palidece frente al que puede ofrecer otra isla como Lanzarote, que ha cuidado más su paisaje y es habitada por gentes más amables (es espectacular lo cerrados y rancios que son los majoreros, parece Valladolid); pero conserva algo de magia. Se convierte en obligatorio encontrar algo de música para acompañarnos y lanzarnos en coche a la odisea. Lamentablemente, el trabajo sólo me dejó conocer tres lugares: Puerto del Rosario, Corralejo y Caleta de Fuste.

La primera ciudad es la capital, plagada de esculturas, con una bonita avenida marítima y una enorme calle que peatonalizaron recientemente por la que no pasa casi nadie. Llegada la tarde se convierte en pueblo fantasma, y no ayuda el viento que azota continuamente. Al norte está Corralejo, más amable, de edificios algo más cuidados y demasiado orientada al turismo. Por todos lados restaurantes, tiendas de souvenirs y muy pocos resquicios del pueblo de pescadores que fue. Especialmente enervante es la llegada, las hermosas Grandes Playas con los hoteles pegados al agua. ¿Y qué decir de Caleta? Ejemplifica a la perfección la locura que ha poseído a la isla. Una tras otra, enormes urbanizaciones de multipropiedad para extranjeros, casas y más casas abandonadas, hierros oxidados y hormigón que envejecen al sol…Y una bonita playa y avenida marítima, con pubs ingleses por doquier.

Me queda por ver el sur, inmenso, para otra ocasión. Porque volveré. Al desasosiego por la construcción desaforada se le une el ansia por descubrir. Quiero conocer el resto, los pueblos y los sitios que no han sido todavía corrompidos por los billetes de 500 euros. Tal vez allí espere algo auténtico, la verdadera esencia de la isla.

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  1. Relato osco, la lectura de la descripción de tu llegada a la isla, me ha generado desasosiego, incluso mal estar interior, no soy de Fuerteventura, resumo, no me ha gustado nada tu descripción.

    • Realmente, el panorama al llegar es muy desolador. Hay partes muy bonitas (la zona de Corralejo, y me queda por ver el sur, al que espero ir en dos semanas, que vuelvo a allí), pero la construcción voraz ha devorado la isla. Nada que ver con Lanzarote, que está cuidadísima y luce más agradable.

      • La verdad que la construcción ha sido voraz, pero …. la isla tiene un encanto especial, sobretodo el paisaje, tan desertico, da una sensación de soledad que encanta.
        Y fíjate, en cambio a mi Lanzarote, me parece mucho más masificada y con un enfoque más turístico y comercial….no cabe duda que los puntos de vista son diferentes y que la capacidad de percepción de las cosas depende del prisma con que lo mires.
        Tindaya está muy bien, el museo de la Alcogida, las molinas que se ven por la isla y algunas calas y playas surferas y no tan turísticas, Betancuria, Antigua, el sur, creo que es más turístico.

  2. […] este domingo pasado a Fuerteventura, una isla que había visto muy poco y no me generó una impresión demasiado positiva. Entre mis […]

  3. […] relación con la isla de Fuerteventura es extensa, tanto en la vida real como en este blog. Podría decirse que es una relación de absoluto amor-odio. En un año he ido cuatro veces, las […]

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