Javier Alemán

Sectas

In Psicología on mayo 7, 2012 at 4:22 pm

Últimamente me ha dado por repasar entre los apuntes de la carrera, y he topado con esto. No es más que un pequeño ensayo para una optativa (de ahí sus carencias), pero como creo que es un tema interesante y en vista de que la mayoría de visitas al blog llegan a través de búsquedas sobre psicología (espero que me nombren en la bibliografía, que ya se admiten los blogs…), pues ahí va.

Introducción

Aunque a día de hoy cada vez es menor la cantidad de noticias que recibimos sobre sectas, en comparación con décadas pasadas, esto no significa, ni mucho menos, que el problema haya disminuido. La realidad es que es difícil cuantificar el número de sectas en cualquier país, ya que muchas operan tras negocios más o menos legítimos, y usan gran parte de su poder económico para pasar desapercibidas y litigar contra cualquiera que sugiera su estatus de secta destructiva.

En España, por ejemplo, se calcula que hay alrededor de 150 sectas operando, con una cifra de unos 150.000 adeptos, siempre de acuerdo con cifras oficiales. Sin embargo, la inexistencia de un observatorio nacional que elabore información sobre ellas y el propio oscurantismo de las organizaciones no nos deja conocer la cifra real, que según determinados sociólogos (Pascual, 2003) podría hasta triplicar a la cifra oficial.

Estamos hablando, por tanto, de un problema que afecta a gran parte de la población, frente al cual no hay líneas gubernamentales de actuación (hasta que no se comete y demuestra un delito) y sobre el cual no se tiene mucha información. Mientras tanto, son libres para doblegar a sus miembros a su voluntad, destruyendo por completo su personalidad y haciendo que repartan panfletos y revistas, pidan limosna o incluso se prostituyan en su beneficio de la organización. O, en el peor de los casos, pierdan la vida, como ocurrió en 1978 en Jonestown, donde 914 seguidores del “reverendo” Jim Jones participaron en un suicidio colectivo con cianuro.

Una vez abordada la importancia sobre el tema, en este trabajo pretendemos destacar una serie de factores que nos ayudarán a comprender los procesos implicados en la conducta sectaria, desde la propia definición de las sectas hasta las características del líder y técnicas de sugestión utilizadas, añadiendo consejos para la prevención y tratamiento de los casos.

Definición

Es complicado definir exactamente lo que es una secta, pero sí hay varias características que se pueden utilizar para clarificar el concepto. Para empezar, y, desmontando el mito, es necesario dar cuenta de que no todas las sectas son religiosas. Muchas tienen que ver con otro tipo de actividades, desde talleres de crecimiento personal hasta grupos de autoayuda o incluso de terapia (y es preocupante, pues la mayor parte de nuevas sectas están surgiendo en torno a esto último). Lo que sí puede decirse es que todas ellas, independientemente de su orientación, tienen un fin superior y utópico, y que en un primer momento es eso lo que las define como grupo, pero una vez dentro, este fin siempre se aleja, haga lo que haga el adepto, y otras actividades (normalmente de recaudación) son las que cobran protagonismo.

Por otra parte, todas estas sectas están labradas siempre en torno a la personalidad del líder, siendo auténticos cultos hacia ella. El estilo de gestión es autoritario, con una gran cantidad de normas, que siempre van a ser reflejo de esa personalidad, de su estilo y de sus propios caprichos. De hecho, en muchas sectas, las normas pueden cambiar a menudo, a su antojo.

Además, en las sectas se emplean técnicas de reforma del pensamiento, de forma consciente o no. Hablaremos más adelante de ellas, pero desde jornadas extenuantes de trabajo hasta dietas estrictas, pasando por intrusión de culpabilidad por todo pensamiento que no sea beneficioso, se busca eliminar la posibilidad de que el adepto se cuestione los dogmas y que siga trabajando en beneficio de los miembros más altos de la jerarquía sectaria.

La estructura es muy inclusiva con el adepto, y exclusiva con el resto de personas. A menudo se etiqueta a los no pertenecientes a la secta como “impuros”, o, en el mejor de los casos, equivocados. Se tiene un conocimiento secreto (inmortalidad, salvación…) que es sólo para los pertenecientes a ella, y que no debe ser compartido con el exterior. Por tanto, se exige absoluta honestidad entre los miembros de la comunidad, pero a la vez se da patente de corso para actuar de manera engañosa con todo el que no pertenezca al grupo. En muchas, el rechazo hacia el mundo exterior es radical, y se obliga a los integrantes a cortar los lazos con él, desde el trabajo hasta la familia y amigos.

Perfil del líder

Normalmente, la persona que ejerce de líder es, al mismo tiempo, el fundador de la secta. Y aunque es tentador añadir el marcador de “patológico” a su comportamiento, no siempre es tan sencillo, ya que hay gran variabilidad. Puede haber desde líderes que crean ciegamente en su secta (lo que nos dirige a relacionarlos con ideas delirantes, en muchos casos) hasta los que simplemente utilizan la secta como vehículo para satisfacer sus ansias personales (dinero, relaciones sexuales, ansia de control y poder interpersonal…). También, el comportamiento de determinados jerarcas puede sugerirnos la presencia de trastornos de la personalidad, especialmente el trastorno narcisista y el antisocial.

Aún con tantas diferencias, podemos decir que, por lo general, comparten una serie de características. Entre ellas, una actuación autoritaria y dominante. No se permite que sean cuestionados, y se les debe ciega obediencia. En contra de lo que puede parecer, la veneración no está centrada en figuras externas (relacionadas con el fin utópico de la secta), sino que se coloca en el líder, siendo él al que se le debe devoción.

Reclutamiento y técnicas de sugestión

Existe el mito de que la gente que entra en sectas lo hace porque se encontraba en una etapa vital en la que buscaba activamente “iluminación” o consejo. La realidad es bien distinta. Son las propias sectas las que abordan a sus potenciales adeptos, de muchas maneras distintas, y gran parte del dinero que recaudan de sus actividades lo dedican al proselitismo.

En general, se instruye a los reclutadores para que busquen a personas que cumplan con dos características fundamentales: en primer lugar, un estado de ánimo deprimido, que hace más favorable a la persona a la sugestión. En segundo lugar, si el sujeto está desapegado o poco afiliado, le será menos probable definirse en torno a estas afiliaciones, y por tanto mayores serán las probabilidades de responder de forma favorable a los ofrecimientos del reclutador. Por poner varios ejemplos, a un primer reclutador se le puede instruir para que aborde a estudiantes de universidad que acaban de abandonar los estudios o utilizan el servicio psicológico del campus y les ofrezca asistir a una conferencia. A otro reclutador se le ordena que aborde a personas solas en determinadas áreas turísticas de la ciudad y las invite a tomar algo tras una charla, para congraciarse con ellas. Como vemos, los métodos varían, pero se centran especialmente en esas dos características.

Otras formas de reclutamiento, fuera del “abordaje en calle” pueden ser cursos de yoga, de descubrimiento personal, de reducción de estrés, de controlar la propia vida…Un sinfín de actividades, formuladas como si el grupo se hubiera creado para beneficiar al que asiste.

Una vez se ha establecido el primer contacto, la técnica a seguir es la del “bombardeo de amor”. Se realizan actividades prolongadas (no se da tiempo a que el potencial recluta piense) en las cuales no se le permite estar solo. Durante todo el tiempo se le trata de la mejor manera posible, simulando amistad y afecto, por parte de todos los miembros de la secta. El objetivo es hacerle sentir bien en todo momento y crear dependencia hacia ese sentimiento. Además, muchas de las actividades que se van a realizar son llevadas a cabo en lugares que son ajenos al reclutado; pueden ser retiros en la montaña, locales lejanos de la secta…La idea es aislarlo de su núcleo de referencia y de sus afiliaciones, para que sea más fácil establecer nuevos vínculos y persuasión. En este momento, el grado de exposición a los dogmas es ínfimo, y, en todo caso, muy gradual.

A medida que se progresa y se van insertando, empieza el proceso de reformulación del pensamiento. Poco a poco se induce al adepto en un estado en el que será más fácil de sugestionar. Se le puede pedir que realice durante muchas horas actividades repetitivas (cánticos, trabajo en el campo, estudiar, asistir a conferencias, meditar…), lo que acabará deviniendo en falta de sueño. La falta de comida o el cambio drástico de dieta (normalmente bajas en hidratos de carbono) anula aún más las defensas. Es en este momento en el que empieza a controlarse el flujo de información para los miembros. Una forma muy sencilla de controlar la correspondencia o las llamadas de teléfono es disponer de cabinas o correo, pero en malas condiciones, haciendo a la vez que sea imposible comunicarse con el exterior, pero quitándole responsabilidad a la organización, ya que ésta pone los medios.

En este punto, con el miembro ya aislado y agotado tanto física como psicológicamente, es en el que se emprende el proceso más violento y que más atenta contra la autonomía del integrante: la destrucción del yo.

Uno de los pasos, y de los que más en común encontramos en las organizaciones sectarias, es el de revisión de la historia personal. Normalmente se anima al novato a que exponga su pasado, pero antes se da la exposición por parte de miembros antiguos, que cuentan historias negativas en contraposición a su reluciente presente en la secta. Esto anima al nuevo a centrarse en los episodios tristes y negativos, e incluso hace que, por modelado, se den nuevas evaluaciones, más pesimistas, sobre la realidad y los familiares de la víctima. Poco a poco, con el apoyo del grupo, se va revisando el pasado, dejando claro que era imperfecto y que los culpables son los que se encontraban alrededor del adepto. Se inculca culpabilidad por los fracasos y se introduce una dicotomía bueno-malo en la que toda la vida anterior ha sido mala e incorrecta, y sólo la vida dentro de la secta es buena. El objetivo es desestabilizar el sí mismo de la persona, conseguir que reinterprete drásticamente su historia personal y su manera de ver las cosas; que acepte la nueva versión de realidad que se le ofrece y que desarrolle dependencia a ésta, que es la que se encuentra dentro de la secta.

Para “aprender” esa nueva versión de la realidad, y asumir la nueva verdad de la organización, se utilizan varias técnicas. Una de las más importantes va a ser el modelado, ya que en ningún momento se deja al recluta solo, y la pura presión de los pares va a acabar haciendo que asuma ciertas ideas. Es decir, cuando el nuevo miembro ve que ante una afirmación del líder todos los demás asienten, va a serle mucho más difícil plantearse si está en contra de lo dicho. Además, se combinan varios tipos de contingencia, desde castigos (censura del grupo cuando la adherencia a la doctrina no es absoluta, culpabilización cuando formula preguntas sobre el dogma) hasta reforzadores sociales (abrazos y uso del sexo cuando se realiza bien una actividad).

Aunque más adelante hablaremos de la posibilidad de tratamiento psicológico a las víctimas de este proceso, podemos adelantar que el resultado de todas estas técnicas es una reestructuración del yo. El miembro va a asumir una “pseudopersonalidad” que no está nada ligada a su yo real, y será ésta, junto con la profusión de actividades persuasivas (no sólo se dan en el primer momento, sino durante toda la estancia en la secta) la que haga que permanezca.

Tratamiento

Cuando hablamos de la ayuda que debemos proporcionar, como profesionales de la salud mental, a los miembros de una secta, debemos distinguir dos momentos críticos del proceso: durante su estancia, y tras abandonar el grupo.

En un primer momento, y viendo la poderosa influencia que se ejerce sobre ellos, podemos pensar que a los adeptos les resultará casi imposible abandonar. No es del todo cierto. Se dan muchos casos en los que es la propia persona la que decide abandonar el grupo tras una desilusión muy fuerte (normalmente asociada a una acción concreta), y aún con todas las trabas que se le ponen (castigo ante la idea, censura de los pares, ostracismo…) lo consigue. Ya ha abandonado a la secta, pero seguirá necesitando terapia. También puede darse que el líder decida expulsar a los miembros más rebeldes, con tal de dar una lección a los demás (que no quieren ser expulsados, y ven ahora que se les puede echar). También necesitarán terapia. Pero eso lo discutiremos en adelante. El resto de integrantes necesitará ayuda, y es en esta fase en la que entra en juego la desprogramación, o asesoramiento en el egreso, como se denomina ahora.

Para entender el asesoramiento debemos entender en qué se basa la pseudopersonalidad que se ha impuesto en la víctima. Es un cuadro patológico con las siguientes características: a) alteración repentina y drástica de la jerarquía de valores, b) reducción de flexibilidad y adaptabilidad cognitiva (las respuestas que se dan son las estereotipadas del grupo, con habla mecánica), c) reducción o embotamiento del afecto, d) regresión de la conducta a niveles infantiles (dependencia exagerada del líder), e) deterioro físico, f) posible psicopatología.

El asesoramiento se suele realizar durante un periodo de tiempo en el que la víctima de la secta está bajo custodia de algún familiar por resolución judicial, pero puede ser voluntario tras el abandono del grupo. En él se da una especie de debate constructivo entre el adepto y el asesor, que suele contar, además, con la presencia de algún familiar y (recomendablemente) de un ex-miembro de la secta, que proporciona información desconocida sobre la misma. En el transcurso de la técnica, al asesorado se le van a exponer realidades que no conocía sobre la secta (escándalos, el uso que hace el líder del dinero…), que en principio le serán difíciles de aceptar y generarán reactancia. Poco a poco se va cediendo y ya la propia persona va aportando preguntas que ella misma se censuraba. La presencia del antiguo miembro es importante, ya que la visión de un “repudiado” saludable crea una fuerte disonancia cognitiva. Además, se presenta información sobre las técnicas de reforma de pensamiento y sobre cómo éstas se han ido utilizando para cambiar la escala de valores del adepto. Como hemos visto, no es un proceso fácil, pero se le está dando una posibilidad muy importante al miembro, una que no tiene en el seno del grupo: pensar por sí mismo, formular preguntas y ser crítico.

Ahora, ¿qué hacemos una vez la persona está fuera? Sigue habiendo una serie de cuestiones por resolver, en las que los psicólogos podemos ser de gran utilidad. Hay muchos problemas a los que el ex-adepto debe hacer frente. De tipo práctico, reintegrarse en una sociedad de la que ha estado disociado, lo que incluye cosas como (en muchos casos) buscar trabajo y ganar de nuevo dinero, reorganizar la nutrición y hábitos alimentarios, hacer planes de carrera, explicar (a los demás y a sí mismo) los años pasados en la secta…En el plano emocional se exhibe depresión, vergüenza, sentimiento de culpa y carencia de autoestima. Pueden darse también ataques de pánico. A nivel cognitivo hay pérdida de memoria, cierto embotamiento, dificultad para concentrarse…Y en la esfera social se encuentra alienada, no tiene una red social a la que aferrarse, pues ha roto previamente con ella, debe reconectarse con familia y amigos. Se puede encontrar también confusión sobre la sexualidad, fobia social, una actitud demasiado crítica hacia los demás y hacia sí mismo…

Por supuesto, hay diferencias individuales, pero ése es el cuadro, grosso modo, con el que se encuentran al salir. Para empezar, resulta necesario entrenar a la persona en habilidades sociales y solución de problemas, para que abandone la soledad en la que se encuentra y pueda rehacer su vida, encontrar trabajo y retomar las relaciones con otras personas. En el caso de trastornos del estado del ánimo será importante también intervenir para ayudar a la persona a salir de ellos, a la vez que se busca el cambio de valores, pues los de la secta son una importante fuente de retroalimentación negativa. Para las dificultades cognitivas se recomienda un pequeño tiempo de descanso y readaptación, más que el empezar inmediatamente a retomar los estudios o actividades que exijan una gran carga intelectual. Una vez disminuya este embotamiento es posible proceder también para anular la rigidez de pensamiento (dicotomía bueno-malo), pues se tienen más recursos para asumir los fallos de los demás y los propios.

En general, como vemos, es un procedimiento muy costoso, que llevará mucho tiempo y esfuerzo, pero contamos cada vez con más ejemplos de personas que tras la vida sectaria se han reintegrado en la sociedad y a día de hoy no presentan dificultades.

Prevención

No parece haber mucha investigación sobre prevención, pero el sentido común nos aconseja hacer lo mismo que se hace en otros casos, como abuso de sustancias o malos tratos. Será fundamental, entonces, intervenir en educación primaria y dar toda la información posible en forma de charlas y actividades. Dejar claro qué es una secta, por qué es peligrosa, e incluso cuáles son los procesos que se dan dentro de ella. Si acabamos con el mito “a mí no puede pasarme” y hacemos dar cuenta de que realmente a cualquiera puede pasarle, habremos derribado una gran barrera y será posible que la gente proceda con más precaución al tratar con grupos de esta naturaleza.

Conclusiones

Hemos visto a lo largo de estas páginas un pequeño resumen de lo que se conoce sobre las sectas. Y una vez clara su importancia y su creciente incidencia, parece claro que aún nos queda mucho camino por andar.

La primera conclusión que se nos viene a la mente es que necesitamos saber más sobre ellas para poder evitar, cada vez con más eficacia, que más personas caigan en sus garras. En este sentido se nos presenta una dificultad, y es que los experimentos sobre reformulación del pensamiento chocan con la ética profesional, por lo que sólo sabemos lo que hemos observado en los propios adeptos. Como debemos permanecer en las barreras de la ética, tendremos que perfeccionar las herramientas que disponemos para medir los cambios que han operado en estas personas, para conocer con mayor precisión cómo enfrentarlos.

Posteriormente se han observado técnicas para “sacar” a los miembros de la secta. De nuevo, topamos con una mayor necesidad de investigación. El asesoramiento en el egreso parte muchas veces más de la intuición que del conocimiento científico, y aunque en muchos casos funcione, es obvio que la psicología debería centrarse más en conocer qué hace exactamente que funcione, y cómo mejorar la técnica.

Y finalmente, y viendo las carencias que hay en materia de prevención, también es necesario que se investigue más y se tomen medidas para resolver este problema.

Bibliografía

Singer, M. & Lalich, J. (1995) Las sectas entre nosotros.

Rodríguez, J. (1985) Las sectas, hoy y aquí.

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