Javier Alemán

Sukkwan Island, o la muerte del romanticismo

In Literatura on mayo 11, 2012 at 4:06 pm

Sukkwan Island llegó a mis manos gracias a un inspiradísimo regalo de mi chica el Día del Libro. Recuerdo haber visto la portada de la edición en alguna librería, y habérmelo anotado mentalmente tras leer su sinopsis. Lamentablemente, como casi todo lo que anoto sin bolígrafo, se perdió para siempre, hasta que volvió a mí el recuerdo mientras sostenía el libro en la mano. Siempre me ha gustado dejarme sorprender por un autor al que no conozca, y como me había estancado en la lectura de otro libro me puse manos a la obra.

Ambientado en la isla de mismo nombre, en la costa sureste de Alaska, David Vann nos propone una vuelta al mundo natural muy distinta a la que sugería Henry David Thoreau. Porque primero nos lleva a un emplazamiento idílico, un mundo casi virgen en el que un padre y un hijo pasarán un año conociéndose y resolviendo sus problemas; consagrándose a la vida natural, a la caza, la pesca y la exploración de la isla. Pero todo esto se aleja de la visión romántica de la naturaleza, destruída por el posmodernismo y la vida en la ciudad.

Así, nos queda claro muy pronto que vivir en la nada no es idílico, y que el hombre no podrá volver ya nunca más a su estado natural. La tesis del autor es ésta, que ya estamos atados a la civilización y la vida salvaje nos es ajena, nos sabe oler, rechazar y expulsar cuando intentamos invadirla. Lo mejor es que esto se introduce de manera gradual en la novela, dejándonos primero disfrutar de los paisajes, de las muestras de camaradería entre padre e hijo (aunque ya se intuye que algo no va bien) y nos precipita hasta un acontecimiento que cambia por siempre el rumbo del libro.

La fuerza principal está en esos paisajes, tan bellos como amenazantes, y en la relación entre padre e hijo. Sin embargo, hay un detalle final que es incluso más importante: además de un rechazo de la vida romántica en el medio natural, Sukkwan Island es un ataque frontal contra las huidas hacia adelante. Padre e hijo emprenden esa huida sin pararse a pensar si realmente es lo que quieren, si es un deseo o una manera de escapar de una realidad que no quieren afrontar. Ese rechazo hacia la ceguera actual de la sociedad, que se empeña en negar y negar los problemas hasta que es demasiado tarde, es el que define por completo el libro y hace que olvidemos algunos cambios muy abrutos en su desarrollo.

Por eso el relato es tan potente, porque pasamos por las mismas fases que describe: en un primer momento nos enamora la naturaleza, luego ese romanticismo es destruido y empezamos a temerla, para finalmente darnos cuenta de que hemos negado la realidad y nos hemos sumergido en el mundo de los sueños; sin caer en que quizá sea mejor no alejarse demasiado de la realidad. Para David Vann el romanticismo es una huida hacia adelante, y quizá deberíamos valorar más los momentos singulares de nuestra vida cotidiana y soñar menos con escapar a otros mundos.

Anuncios
  1. […] lo hacía en esa Naturaleza en mayúsculas en Sukkwan Island, ese mundo ignoto y alejado del romanticismo, que sólo guarda terrores y negrura llena de […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: