Javier Alemán

Richard Powers y la ecolalia

In Literatura on julio 22, 2012 at 11:59 pm

Hace unos años, vía Amazon, llegó a mis manos el libro “The Echo Maker”, de Richard Powers. Poco después aparecería la edición en español, traducida como “El eco de la memoria” (que suena totalmente a película de sobremesa de Telecinco). Yo había claudicado ya y pensaba que sólo podría leerlo en inglés, así que fue en el idioma de la pérfida Albión en el que lo leí.

El punto de partida es un terrible accidente de coche en un aburrido pueblo de Nebraska. Es la tragedia la que pone en movimiento la trama de un libro que en ningún momento es lo que pretende ser, y que muy rápidamente va más allá de su premisa básica para convertirse en una exploración de la identidad humana.

Mark Schutler, el protagonista, despierta del coma cambiado para siempre. Semanas de sueños y pesadillas y la elevadísima presión intercraneal le han dejado una serie de trastornos, del que destacan la ecolalia (que da nombre al libro en inglés) y, sobre todo, el síndrome de Capgras (del que ya hablé en el blog). El nuevo mundo en el que Mark ha despertado está lleno de copias de gente conocida, de clones que se parecen a su familia pero no lo son realmente.

Lo curioso es que, a pesar de girar la acción en torno a Mark, rápidamente se sostendrá también entre Karen (su hermana, que deja su trabajo para cuidarle) y un famoso neurólogo llamado Gerald Weber (que recuerda a otros divulgadores como Oliver Sacks) que acudirá a estudiar su caso. Es a través de ellos cuando accedemos a la propuesta real del libro, que usa el síndrome como excusa: la exploración de la construcción y deconstrucción de la identidad humana.

La hipótesis del autor es que, sin bien el trastorno mental cambia por completo la vida de Mark, también las personas que orbitan en torno a él deben enfrentarse, tarde o temprano, a la imagen que tienen de sí mismos. ¿Es su autoconcepto real, o es otro constructo imaginario, otra obra incompleta a la que no han prestado atención? La maestría de la novela es ésa, jugar con el lector con una trama que parece la de una novela detectivesca (el protagonista despierta con una nota de quien llamó a la ambulancia tras el accidente) para rápidamente pasar a la metafísica y a la reflexión.

Añadámosle unos cuantos momentos de lirismo, especialmente enfocados en las aves y los paisajes de Nebraska, y queda una novela demoledora. Un estudio sobre la identidad, sobre la construcción del yo y el efecto que tiene el contexto en quiénes somos. Porque no siempre somos la misma persona, y por mucho que nos aferremos a nuestras ideas, quizá venga la realidad a ponernos en nuestro sitio en algún momento.

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