Javier Alemán

Huir hacia adelante en Londres

In Personal, Viajar on marzo 16, 2013 at 1:52 am

He estado cuatro veces en Londres. Las cuatro, además, han sido en un periodo corto de tiempo: dos veces en 2006, otra el verano de 2007 (para ver a Glassjaw) y la última las Navidades de 2008. Salvo la última, podría decirse que las tres anteriores fueron huídas hacia adelante.

Nunca supe por qué fue con Londres, precisamente. Simplemente, fue. Fruto de un calentón, de una decisión tomada sin apenas meditar, se convirtió en abril de 2006 en un pretendido refugio de mí mismo. No había ido a allí con otra intención que pasarlo bien, que volar, viajar…pero en el fondo era una forma de alejarse de un problema: la realidad.

La primera vez, una orgía de compras, de exceso y gastos. Pero también de exploración geográfica. Rápidamente me hice con las calles del centro de la ciudad y del Soho, y vagabundeaba sin un rumbo fijo por ese cuadrado casi perfecto. Ahora en Berwick Street, luego en la zona de Chinatown, finalmente en Saint James’ Park. Fueron dos semanas enteras en las que no aprendí nada de mí mismo, en las que lo único que descubrí era lo mucho que me gustaba pasear por la capital inglesa. Y luego, al llegar de vuelta a Tenerife, el problema seguía ahí…

…eso no me echó para atrás para cuando, ya viviendo en Zaragoza, decidí volver a la ciudad. Oferta de Ryanair mediante (no más de 40€), pasé mi último fin de semana antes de regresar a Tenerife muerto de frío y con un aburrimiento colosal. Porque era diciembre y se hacía de noche a las tres y media de la tarde, con lo que las posibilidades de pasear iban decreciendo, más si tenemos en cuenta que ya me conocía de pe a pa todos los sitios a los que quería ir. Mientras hacía tiempo leyendo en la litera de arriba de un hotel de habitaciones compartidas, maldecía mi decisión. Pero era demasiado terco como para caer en el error que era seguir yendo a Londres.

Así, volví en julio de 2007. Tras pasar la que probablemente haya sido la peor noche de toda mi vida en el aeropuerto, pude ver a Glassjaw, Machine Head, Mastodon y Metallica (¡en un fin de semana!), pero el problema no se iba ni enterrándolo en decibelios. La realidad era más terca que yo, y por más que huyese de ella callejeando y recorriendo de arriba a abajo Hyde Park, ahí seguía. No hay perdón para el cobarde, ni siquiera un instante de descanso, y poco a poco iba entendiendo que no tenía sentido seguir viajando a Londres. Al menos, no tenía sentido ir para esconderme y disfrazarlo de autoexploración.

Felizmente, dejé de huir. Al menos, a Londres. Empezó el trabajo para cambiar, para enfrentarse a la realidad. Porque es inmutable, por más kilómetros que se recorran. Porque ir y volver a Stansted o Gatwick no cuenta como peregrinación. Cuando entendí eso, por fin pude volver a Londres. Y fueron varios de los días más felices de mi vida.

Por eso ya no necesito volver.

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