Javier Alemán

El hombre que odiaba los puntos suspensivos

In Personal on marzo 17, 2013 at 7:11 pm

Suspensivos

Durante gran parte de 2004, 2005 y 2006 tuve un blog en el que escribía con un ritmo brutal, si lo comparamos con el actual. Se llamaba “El hombre que odiaba los puntos suspensivos“, y uno de sus primeros posts era una queja airada sobre la maldita costumbre de la gente de poner puntos suspensivos cada dos por tres. Así soy.

Ahora, nueve años después, uno encuentra grupos de Facebook (indicador del interés social, es broma) de lo mismo. No debía estar equivocado con el tema. A ese blog le sucedió un fotolog, que más que ejercer esa función, replicaba la del primero: poner una imagen y enlazar una reflexión, siempre de unos tres o cuatro párrafos. Recuerdo que lo actualizaba diariamente también. Era vago en mi sistema, repetía temas, usaba siempre los mismos esquemas para repetir (inicio, tesis y fuera) y en general hacía los mayores esfuerzos posibles por escribir pocos párrafos. Pero al menos escribía.

No deja de ser curioso, cómo podía escribir tanto durante unos años. La mayor parte de las cosas, estupideces, eso sí. Resulta espectacular, cuando a uno le da por hacer arqueología en Internet, la cantidad de cosas que puede descubrir sobre sí mismo y lo que le ha supuesto el paso del tiempo. En mi caso es imposible, borré el blog y el fotolog desapareció cuando Esflog hizo una purga sin avisar. Lo cierto es que en el segundo caso me hubiera gustado recuperar algún post, y en el primero no caí en que podía haber algo interesante que borrase (escribía directamente en el interfaz de blogger, sin guardar los textos como copia de seguridad). Pero por lo poco que recuerdo, eran las quejas y rabia adolescente nada resueltas de mi joven yo, salpicadas de alguna recomendación musical y de entradas intentando convencerme a mí mismo de lo mucho que molaba. Una joyita.

Imagino que la juventud, la falta de vergüenza y el enorme ego que gastaba me ayudaban a generar textos con facilidad pasmosa, hablar de vivencias, insultar o comentar lo que se me ocurriese. Cuando no pones un filtro a las estupideces, es más fácil que salgan. Sin embargo, ahora cuando pienso en escribir me invade un enorme pesar, una carga de autoexigencia y una pereza descomunal. De esa época no extraño nada, estoy mucho más cómodo con mi yo actual (más real, más consciente de sus limitaciones), pero en cierta forma añoro la capacidad de sentarse y escribir cualquier cosa. Si pudiera tomar prestada una característica de mi ser inmaduro, sin dura sería ésa; y no se la devolvería.

De todas formas, aunque no escribo tanto en mi blog personal, sí que lo hago a cascoporro en esa maravilla que es Nivel Oculto, un blog de videojuegos plagado de HAMOR. Ahora falta volver a la escritura como afición (dos novelas a medias, relatos por escribir) y recuperar la tradición de poner algo por aquí casi todos los días. Y es que el hombre que odiaba los puntos suspensivos ha muerto, y hasta que llegue lo siguiente, aquí seguiré yo.

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  1. […] requiere un aprendizaje, simplemente sentarse a hacerlo. Así que escribí y escribí un poco más. Me hice un blog en 2004 donde hacía lo que ahora, pero en peor. Subía todo tipo de estupideces, quejas, boberías de […]

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