Javier Alemán

¿Los discos? Enteros, por favor

In Música, Personal on julio 24, 2013 at 9:29 pm

discman

En esta época de mp3’s, streaming de música y listas de Spotify, sigo siendo un ávido defensor de escuchar los discos de los grupos enteros, de principio a final.

Cuando digo que empecé a escuchar música en serio con 14-15, me siento como un auténtico pureta. Si encima empiezo a enumerar anécdotas, batallas sobre conciertos o curiosidades sobre grupos; me entra el síndrome de Julián Ruiz, pero sin conocer a todos los integrantes de cada banda. Por eso ya me curo en salud diciendo que esto que viene es una viejunada.

Decía que empecé a escuchar música en serio de adolescente, y ya muy cercana la treintena, sigo teniendo los hábitos con los que empecé. No recuerdo quién me lo dijo, pero le estoy agradecido: “los discos hay que escucharlos enteros, entender lo que el grupo quiere decirte”. Evidentemente no hablo de cualquier bisbalada, que trae tres singles y el resto del LP es puro relleno para poder cobrarte veinte eurazos por él. Hablo de música.

La cosa es que tardé mucho tiempo en tener un mp3 cuando ya la gente tenía los primeros iPods. Yo iba a todos lados con mi discman que no cabía en el bolsillo, dejándome una mano inservible siempre que salía a la calle. Y nunca tuve una grabadora de CD’s en el ordenador, así que no podía hacerme recopilatorios de la música que fuera bajando. Sólo me quedaba comprar discos y oírlos ahí. Supongo que eso ayudaba a tener que oírlos del tirón.  Muchas veces me obligaba a escuchar las canciones que iban entre mis favoritas, intentando descubrir algo.

Está claro que hay discos y discos. Por ejemplo, no tiene mucho sentido escuchar un disco conceptual saltando canciones, va contra la propia idea. Pero no me refiero a eso, sino a, más bien, capturar el sentido de la época de ese grupo, su Zeitgeist particular cuando entraron en el estudio a grabar sus canciones. ¿En qué pensaban en ese momento, qué influencias tenían y de qué querían hablarme? Sí, habrá relleno en muchos casos. Pero en otros, hay muchas sorpresas esperando al oyente que no va corriendo a los singles.

Y es que muchas de mis canciones favoritas están en esa zona muerta que son las canciones intermedias de los discos, ese borrón entre el primer y último tema que la gente va saltando en busca de zonas más cálidas. ¿Qué hubiera sido de mi gusto musical actual de haberme saltado esos segmentos?

Es más, aunque pocos grupos lo consiguen, el orden es algo importante también. No hay gustazo musical mayor que escuchar un CD con una estructura perfecta, con un inicio intrigante, un desarrollo poderoso y un final que le haga justicia. Cuando se consigue, justifica totalmente mi apuesta por haberlo oído de principio a fin. Pienso en discos como The Blackening, de Machine Head, o el Super 8 de Los Planetas (se me ocurren infinitos ejemplos, pero no quiero ponerme a hacer listas…aún) y no me atrevería a quitar una sola canción ni a trastocar el orden: son lo que son, y siendo así son perfectos.

Quizá por eso soy tan poco amigo de los recopilatorios y los grandes éxitos. Siempre se quedan canciones fuera y el orden chirría muchas veces. Harina de otro costal son las listas temáticas por estilo, por emoción…Eso me gusta y mucho, pero nunca me gustará tanto como ponerme el Far From Refuge de God is an Astronaut, sentarme a escucharlo y, aún sabiendo que mi canción favorita del grupo es la quinta, disfrutar de todo el trayecto.

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  1. […] eso para que una parte de tu vida se vaya al infierno de la inexistencia. Contribuyó, también, mi costumbre de escuchar los discos enteros (desde hace mucho los almaceno así en el ordenador, por disco; cuando antes lo hacía por grupo). […]

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  5. […] La música fue mi primer contacto real, ya de adolescente, con “el arte”. El arte como vehículo de expresión, como manera de sentir y como forma de capturar la belleza en un botito. Mis primeras sesiones de goce estético fueron escuchando el S&M de Metallica (1999, su disco en directo con la Sinfónica de San Francisco), y aunque desde pequeño leía un montón (cosa que no me cansaré de agradecer a mis padres), durante años mi único contacto auténtico con lo sublime era oyendo discos sin cesar. […]

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