Javier Alemán

Georg Cantor y la locura del infinito

In Ciencia, Literatura, Personal on septiembre 27, 2013 at 5:37 pm

georg cantor

Probablemente, una de las mejores cosas que me llevé de la facultad de Física (aparte de los amigos) fue la historia de Georg Cantor. Pero para entender por qué me cautivó tanto, primero hay que situarse un poco.

Entré (por equivocación propia) en la carrera de Física cuando ya tenía medio claro que quería estudiar Psicología. Me encantaba la disciplina, al igual que el resto de ciencias naturales, y en el instituto prácticamente fue la asignatura en la que mejor nota saqué (si descontamos el inglés). Pero, a la vez que eso se daba, yo era (y sigo siendo) un zote inmenso en matemáticas. Mi cabeza puede llegar hasta las raíces cuadradas y tengo cierta agilidad en el cálculo mental, más por buena memoria de hechos numéricos que por capacidad. A partir de ahí, hay un inmenso solar vacío donde balas de paja e integrales se pelean a muerte mientras yo intento entender algo.

No sé cómo será en otros lugares o ahora que hay Grado, pero cuando yo entré (2002) la carrera de Física en la Universidad de La Laguna daba la bienvenida a sus estudiantes con cuatro asignaturas (de ocho teóricas y dos prácticas) de matemáticas en el primer año. Malo en matemáticas, seducido por el estudio de la mente humana y metido en una clase de álgebra, así pasaba las mañanas del invierno de 2002.

snake

¿Qué leches era eso de las matemáticas sin números y con letras? ¿Y eso de los espacios n-vectoriales y las curvas que se dibujan en el infinito? Mientras destruía todos mis récords al mítico Snake mi mente se cerraba ante los horrores de la clase de Métodos Matemáticos I. Sí que aprendí algo sobre teoría de la probabilidad, pero porque era sencillito, pero lo pasaba muy mal con tanta matriz, conjunto del subconjunto y hostias diversas.

Hasta que llegó Georg Cantor. Lo que me flipó fue su vida y no tanto su teoría de conjuntos, aunque la explicaré lo mejor posible para mi nivel: según ella, existen infinitos con un cardinal mayor que otro. Vamos, que hay infinitos más grandes que otros. Es fácil de entender si uno piensa en el conjunto de los números naturales (sólo los positivos, sin el 0) frente al de los números racionales (que incluyen negativos, fracciones…). Es lógico que el conjunto de los números naturales (que es infinito) sea menor que el de los racionales si uno lo piensa fríamente. Al fin y al cabo, sólo entre el 1 y el 2 ya hay infinitos números en forma de fracciones, y del 2 al 3, etcétera.

BOOM. INFINITO NATURAL < INFINITO RACIONAL. 

Mi cabeza casi explota, pero lo entendí. Ahora, como digo, no fue su teoría lo que más me interesó, sino las pocas anécdotas de su vida que formuló la profesora en su español con acentazo francés. Cantor fue presa de las depresiones cuando intentaron desacreditar su trabajo, tuvo que soportar la muerte de un hijo…y acabó obsesionándose con el infinito. Equiparó el concepto de “infinito absoluto” con Dios y empezó a interesarse por la filosofía y la religión, hasta el punto de ser ingresado varias veces por crisis en su salud mental.

En definitiva, revolucionó las matemáticas, pero una parte de él no pudo con “la Verdad”.

“El miedo al infinito es una forma de miopía que destruye la posibilidad de ver el auténtico infinito, aún habiéndonos creado en su forma más elevada.”

No voy a contar más cuando otros lo hacen mejor que yo, pero queda claro que a mis 17 años me impactó profundamente la historia. Agolpaba la que luego sería una de mis pasiones, la psicopatología, con otra: el afán literario.

Y es que la vida de Georg Cantor es muy literaria, la del genio que no soporta su propia genialidad, que libra la batalla imposible entre la creencia personal y el descubrimiento. A día de hoy aún me hechiza su biografía y su concepción del infinito, de esa extraña perfección de la eternidad absoluta. Me fascina la capacidad de abstracción y la osadía de seguir adelante, el poderío mental que hace falta para librar esa batalla en su propio interior, contra unos colegas que le tachaban de blasfemo y contra lo que hasta entonces se conocía en el saber matemático.

Cantor murió pobre e ingresado en un psiquiátrico, el 6 de enero de 1918. Su teoría le ha sobrevivido y será, en cierta forma, también infinita.

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