Javier Alemán

Condenada, y qué dulce condena

In Literatura on octubre 15, 2013 at 12:46 am

damned

Hacía tiempo que no leía a Chuck Palahniuk. Y en general, hacía tiempo que no leía. Supongo que entre las redes sociales en el smartphone ha muerto uno de los hábitos que era leer en el transporte público, así que sólo me queda el avión como mantenedor de la afición por la lectura, lejos de la vagancia de leer en casa.

Así que aprovechando que tenía un vuelo más a Madrid (y quedan dos este año, por lo menos), empaqueté el último libro de mi (hace tiempo) escritor fetiche y La Tierra Sumergida (1962), de J.G. Ballard. Ambos me vinieron de un pedido en inglés, y ya que me iba a estrujar el cerebro en el avión opté por Palahniuk, que es bastante más ágil y sencillo para un no-angloparlante de nivel medio.

Condenada (2011) narra la historia de Madison Parker, la hija adolescente de un multimillonario productor de Hollywood y una famosísima actriz tras morir de lo que cree una sobredosis de marihuana. Pero la otra vida no es para nada lo que espera, porque ha dado con sus huesos en el Infierno. Allí debe acostumbrarse a unas nuevas reglas y un paisaje asqueroso y horrible mientras descubre por qué ha acabado en el foso y aprovecha la oportunidad para abandonar sus errores y crecer de una manera tan brutal que parece obra de un coach ontológico transaccional.

El libro funciona en varios registros: primero como retorcido homenaje a “El Club de los Cinco” y las novelas de Judy Blume, casi como lecturas para niños. Es un ejercicio simpático de metanarrativa y sigue la estela que siempre usa Palahniuk de probar distintos usos del lenguaje. También está escrito en un tono algo más infantil, aunque con la excusa de que la niña (tiene 13 años) era una resabidilla en vida consigue mezclar el registro con algún que otro cultismo, como a menudo hace. Así que, a modo de guiño, puede hacer de librillo para niños, hasta que entramos en el contenido.

Actúa también como un nuevo mapamundi del averno, con referencias e ideas sacadas de La Divina Comedia. Aquí el infierno no desciende en círculos, sino que está lleno de excrecencias asquerosas, sucio y descuidado, y la única película que repiten una y otra vez es El Paciente Inglés. Las almas son continuamente mortificadas, pero las más lúcidas parecen haberse acostumbrado y han aceptado con resignación su estancia. En cierta medida, sólo en las primeras páginas parece el lugar horrible que uno esperaría, para luego ir acostumbrando al lector al mismo ritmo que se acostumbra Madison.

doomed

Tampoco falta la típica revelación final que se va sembrando en pequeñas miguitas desde el principio del libro. Y es que aunque Palahniuk siempre intente narrar con usos nuevos, en el fondo casi siempre sigue el mismo hilo: inicio rompedor – desarrollo que se va complicando y muestra un mundo nuevo, distinto – final sorprendente con revelación sorpresa sobre el personaje. Lleva haciéndolo desde hace mucho tiempo y siempre le funciona, pero hace tiempo que perdió el factor sorpresa que lo hacía tan potente.

Desprovisto de éste, queda un libro entretenido, ingenioso y divertido a ratos, pero muy tramposo. Es comprensible, llegando hasta el final, que muchas de las cosas que le pasan a Madison sean tan sencillas y las resuelva con tantísima facilidad, pero casi se convierte en un absurdo en los capítulos finales, donde en un capítulo se despacha el grueso del cambio personal que experimenta la protagonista. Lo hace menos creíble y más precipitado, y es incomprensible que lo haya hecho tan rápido teniendo por delante un libro tan corto. ¿Qué le costaba meter unas cuantas páginas más? Al fin y al cabo, no le iba a quedar un mamotreto inmenso y habría diseñado la trama como algo más coherente. Pero ay, es que tenía que escribir una trilogía. ¿Tendrá algo que ver?

En fin, es un buen libro, pero poco más. El infierno queda un poco desaprovechado al darse tanta prisa en los tramos finales y es menos verosímil al ser tan sencillo, por mucho que la trama lo justifique. Palahniuk sabe medir mucho mejor los ritmos, y espero que en los dos libros que tiene por delante lo haga mucho mejor.

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  1. […] le debo haberme acabado el último libro de la serie 1Q84 de Murakami, Ruido de Fondo de DeLillo, Damned de Palahniuk o El Coronel no tiene quien le escriba, de García Márquez. Así, leo de manera casi […]

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