Javier Alemán

San Borondón se lleva la magia del mundo

In Islas Imposibles on febrero 13, 2014 at 7:59 pm

sanborondón

¿Queda algo de magia en el mundo?

Los satélites, las expediciones científicas y la cartografía moderna han ido, poco a poco, acabando con la fantasía. Cual imperio romano, vamos expandiendo las fronteras de nuestro conocimiento, empujando los lugares desconocidos del planeta hacia un pequeño rincón. Queda muchísimo por descubrir, sigue habiendo zonas que no ha pisado ningún ser humano (en La Palma, mismamente, hay zonas inexploradas de La Caldera de Taburiente), pero en nuestro frenesí vamos desterrando la ignorancia y el mapa es cada vez más perfecto, cada vez más exacto. La última frontera sigue siendo ese gran desconocido llamado océano, esa inmensa masa acuática de la que apenas sabemos nada.

Conste que esto no es una queja. Adoro la ciencia, pero también me come la nostalgia cuando veo las fotos de los grandes exploradores o leo sus relatos sobre el tránsito, la inmensa travesía en pos de una frontera desconocida. Los bordes del mundo son un lugar para lo extraño, para lo fantástico y lo ilógico, y cuando uno los empuja tan lejos de sí, la leyenda acaba por extinguirse. Es una idea romántica y de cien veces, elegiría noventa y nueve quedarme con la razón. La restante elegiría San Borondón.

Isla mítica, heredera del periplo de San Brandán, ya aparece con el nombre actual en el tratado de Alçoves (1479), en el que España y Portugal se repartían el Atlántico aún por descubrir: “San Borondón (aún por ganar)” (sic.) pertenece al Archipiélago Canario. El mito ya ha nacido, y es el ingeniero Leonardo Torriani el que la sitúa, en el siglo XVI, al noroeste de El Hierro y sudoeste de La Palma. Es una isla fantasma, que aparece y desaparece en el horizonte a capricho. Los marineros, dados a ese tipo de historias, propagan la historia como haríamos ahora con una leyenda urbana, contándosela unos a otros, siempre siendo el conocido de un conocido el que ha puesto los pies en la isla.

Lógicamente, el loco afán por descubrirla y hacerse con sus tesoros acaba infectando muchas mentes. Numerosas expediciones navales se suceden en los siglos XVI, XVII y XVIII para localizarla, pero todos vuelven con las manos vacías. Es otra de esas islas imposibles, que sólo existe en el corazón del aventurero, en la niebla difusa que separa la realidad de la ficción. La última expedición oficial, organizada en 1721 por Juan Mur y Aguirre y capitaneada por Gaspar Domínguez, constituye el intento final por desentrañar los secretos de la isla, pero llega hasta 1958, cuando el ABC muestra (en cariñoso homenaje a Nessy) una foto de la supuesta isla.

Hay que ver cómo nos aferramos a lugares así, cómo esperamos encontrar una gota de irrealidad que nos saque de la vida “normal”, del territorio gris que constituye el universo conocido por cada uno. Pero ya no tenemos esa posibilidad, la magia no resiste al escrutinio de los satélites, a los miles de vuelos comerciales y al brillante poder de la ciencia.

Al final San Borondón se hunde en el océano, llevándose consigo sus promesas de arena dorada y montañas llenas de tesoros. Y de cien veces, cien veces acabaré eligiendo lo mismo.

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