Javier Alemán

El demonio que se hizo hombre

In Rol on abril 27, 2014 at 11:04 pm

angel_of_grief

Ayer un demonio se hizo hombre.

Se trataba del final del arco argumental más largo que he dirigido jugando a rol, y no precisamente porque hayamos jugado muchas partidas. Más bien, era una historia que se había prolongado mucho a lo largo del tiempo y que sentía que había que cerrar de una vez. Que se haya prolongado tanto tiene que ver con dos cosas: por un lado, mi afición a narrar a juegos distintos y no repetir tras acabar una partida; y por el otro, el willyfoggismo al que llevo suscrito desde hace mucho, mucho tiempo.

Al final fueron tres partidas que no hubieran llevado más de un año de jugarse seguidas o sin saltos temporales por mudarme a Bilbao, Madrid, Las Palmas…pero han acabado siendo, si mal no recuerdo, unos nueve años. La primera partida la comenzamos en 2005, y era la primera que jugábamos a Demonio: La Caída, tanto los tres jugadores como yo mismo. Tengo la costumbre de usar una localización distinta para cada juego y me decanté por Nijmegen, un pueblo holandés del que estoy enamorado y al que espero volver muy pronto. Fue algo muy satisfactorio, acabó generando grandes escenas y sentando las bases de algo mucho más grande.

ángel NijmegenProbablemente una de las cosas que más me gustan de Demonio: La Caída es que puede jugarse de una manera terriblemente grandiosa, “apocalíptica” (mal chiste, sí), pero también a un nivel íntimo y personal, en el que el personaje (un demonio recién escapado del Abismo y atado a un cuerpo mortal lleno de memorias de un alma que ya no está) debe aprender lo que significa ser humano y, quizás, salvarse. Medido bien el juego puede tener intriga, atrocidades basadas en la fe, rencillas más antiguas que el mundo, antagonistas de poder inmenso y momentos de reflexión sin convertirse en una pastelada. No alcanza a Mago: La Ascensión en la cúspide, pero poco le falta.

Años después, ya a la vuelta de Bilbao, seguimos con el arco argumental de los demonios de Nijmegen. Sólo repetía uno de los jugadores y su personaje, y se sumaba otro nuevo. De nuevo una gran partida, quizá algo menos intimista que la anterior, casi engullida por la tragedia inicial, un culto mortal y un antagonista del tipo “Cosa-horrible-que-no-debe-ser-nombrada”, pero gran partida en sí misma, con entidad propia y un dúo protagonista que funcionaba muy bien. Fue la última partida a la que narré antes de irme a vivir a Madrid e iniciar la mayor etapa de sequía rolera que he vivido.

Hasta que decidimos romperla aprovechando que el trayecto Gran Canaria – Tenerife era bastante más habitual que el Madrid – Tenerife. Automáticamente pensé que la mejor forma de recuperar el hábito sería “volver a Nijmegen”, aunque esta vez sería con trampa. De nuevo repetía un solo jugador, el que había estado desde el principio, y se añadía ya como flamante fichaje del mercado de verano mi señora, al que espero sea el “grupo permanente” a la hora de jugar. Había trampa porque la partida sería en Gante, pero había que volver al menos un momento a Nijmegen y al personaje, Gregor van Haaren: un antiguo ángel de la muerte que ahora habitaba el cuerpo de un profesor de historia de las religiones que se había suicidado. Había sobrevivido a varios demonios más poderosos que él mismo, había intentado rehacer su vida y saboreado la felicidad que da la mortalidad. Pero seguía atormentado por la eternidad en el Infierno y seguía sin ser un hombre de verdad.

¿Por qué no hacerle un pequeño homenaje al personaje (y al jugador) tras todos estos años y darle lo que quería? Son raras las partidas en las que la victoria no es pírrica o lleva a algo peor, especialmente cuando uno juega a Mundo de Tinieblas, pero en este caso merecía la pena. Diseñé Gante para encubrir un secreto de la época de la Rebelión, un “arma” más poderosa que Dios mismo: el Dodecaedro. Traje de vuelta a viejos amigos convertidos en antagonistas, a nuevos enemigos ajenos a lo que de verdad pasaba y a la otra jugadora con una graciosa aliada (la llamaremos “la doña demoniaca”): un antiguo ángel caído que también estaba enlazado con el artefacto.

Gregor van Haaren, a expensas del desastre en su vida personal, tenía una última oportunidad. Y la aprovechó. Él y Heike (el personaje de la otra jugadora) acabarían sobreviviendo a todo lo que les eché y encontrando el Dodecaedro. Gregor sólo quería ser humano pero no se atrevía a pedirlo. Heike sólo quería el perdón de Dios. La herramienta que podía destruir el Universo, hacerles suplir al Creador o cumplir cualquier voluntad escuchó. Y Dios perdonó.

Gregor por fin se convirtió en un simple ser humano y dejó de lado el tormento y los eones de sufrimiento. Dejó de lado el ansia de fe y las habilidades infernales. Heike fue perdonada y recibió una nueva oportunidad también. Sólo ellos dos entre todos los miembros de la hueste infernal gozaron de semejante regalo. Es una pena despedirse de ambos y de Demonio (al que supongo, tardaremos en volver a jugar), pero quiero pensar que la historia que queda por escribir es mucho mejor que la que conseguimos crear juntos tras todos estos años.

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