Javier Alemán

El mapa y el territorio

In Literatura on mayo 12, 2014 at 9:51 am

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Siempre volviendo a Houellebecq

Me zampé El mapa y el territorio (2010) entre playas, solazo y un viento infernal. Empecé a leerlo en Las Canteras, en Gran Canaria, y lo terminé de madrugada en mitad de un viaje de trabajo en unos bungalows en medio de ninguna parte en Fuerteventura. Supongo que hay algo de poético en haberlo hecho así, porque lo siento de alguna manera, creo que de alguna forma contribuyó a taladrarme el libro aún más en la cabeza.

En algún lugar he leído que lo mejor de Houellebecq no es tanto lo que cuenta ni cómo lo cuenta, sino el poso de reflexión que te deja una vez has terminado una de sus novelas. Preso de sus filias y fobias (que no dejan de ser las de toda una generación) es capaz de apresar al lector con ellas y hacerle pensar, pensar y pensar. Como si el lector se convirtiera en casa encantada y fuera el espíritu del francés el que la habita, transitando una y otra vez por los pasillos de su cabeza.

En su última novela abandona algunas de sus temáticas más transitadas (por ejemplo, el sexo está desaparecido) y nos traslada ese sentimiento tan de fin de una era en el que nos hallamos inmersos. Michel habla del fin de la edad industrial y de la reconversión de los países europeos en entidades de servicio para los ricachones, haciendo hincapié en una transformación que ha llevado a Francia a recuperar un ideal de “lo tradicional francés” en sus establecimientos hosteleros en medio de los espacios rurales. Un ideal falso que casa con la idea platónica de “lo francés” que encandila a nuevos ricos horteras: indios, chinos y rusos forrados que se pasean por media Europa listos para disfrutar de la rapiña que ha dejado la crisis en los países desindustrializados.

También es una historia de sí mismo, porque el protagonista no es el artista Jed Martin, sino la relación que se fragua entre él y Houellebecq. Es peligroso esto de insertarte a ti mismo en tu narración, porque uno corre el peligro de hacerse un retrato demasiado idealizado o de utilizarse para dar lástima. Y sin embargo, el autor se ha deslizado con mucho cuidado y salva la papeleta, dando una imagen de sí mismo que genera la sensación de ser bastante real. Diría que lo resuelve con más elegancia que Bret Easton Ellis en Lunar Park (2005), aunque tendría que releer el último, que tengo muy olvidado. Por ahí aparece también Beigbeder, y da también la sensación de ser igual de resabido que en la realidad.

De fondo la estupidez del crimen y la violencia, lo idiota del mercado del arte y la soledad del ser humano que no se conoce a sí mismo. Precisamente por alejarse de sus postulados más típicos, el escritor crece un poquito más con la novela, engendra una historia fascinante a modo de biografía, se desmarca de sí mismo y acaba experimentando una extraña forma de expiación. Es menos Houellebecq de lo normal, pero le sirve para acabar siendo más de lo que ha sido. Está cargada de belleza, engancha y sigue esa estela de romanticismo raro del autor.

¿Cómo hemos acabado convirtiéndonos en un continente “con encanto” y en qué momento hemos dejado de importarle un pimiento al mundo? Desde España es aún más sobrecogedor el retrato de la “revolución turística” viendo cómo nunca hemos sido nadie. Si tan solo sirviera para un final en el que la naturaleza prevalece, como en la obra de Jed Martin, y no para ser un nuevo “segundo mundo” sirviente del ocio del primero…

PD: La fantástica ilustración la he sacado de aquí.

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  1. […] Leía hace unos días en un periódico gratuito que ahora hay una polémica importante porque (según dicen) Michel Houellebecq ha practicado el noble arte del CTRL+C, CTRL+V. En este caso la víctima ha sido la Wikipedia, de la que (de nuevo, presuntamente) ha copiado tal cual algunos artículos para si siguiente libro, La carte et le térritoire. […]

  2. […] del rumano, mi verano lo marcó Houellebecq con su El mapa y el territorio. Siento la tentación de decir que es su mejor novela, pero probablemente mañana piense algo […]

  3. […] le pesa el fin de la historia y la propia existencia, porque sus dos últimos libros (éste y El mapa y el territorio) vagan por alternativas al mundo actual. Uno planteándose la vuelta al espíritu y la religión, […]

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