Javier Alemán

Oiga, ¿qué hay de mi NaNoWriMo?

In Literatura on noviembre 20, 2014 at 1:17 am

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Aquí me hallo, tras derrotar al dragón de las 50000 palabras.

Supe de NaNoWriMo el año pasado (2013), a través de mi hermana pequeña. En su momento me pareció una idea loquísima…¿cómo escribir una novela en un solo mes? Ya con una pequeña novella en mi haber, que me había llevado la friolera de nueve meses de tiempo, pensé que era imposible. Y tampoco era mi periodo de mayor fecundidad literaria, la verdad.

Olvidé el tema hasta hace unos días, en octubre de este año. De vuelta en Tenerife, mudanza y cambio de trabajo de por medio, pasaba las mañanas en el TEA, estudiando toda la psicología que llevo sin estudiar desde que terminé la carrera. A cinco años de distancia, con la cabeza ocupada por el fundraising, era una empresa ambiciosa. Acompañado por mi amigo Enrique Castro (que también se apuntó y acabó la novela), no recuerdo cómo salió el tema del NaNoWriMo. ¡50000 palabras en un mes!

Nos lanzamos a ello, sin meditarlo mucho. Empezamos a quedar desde las nueve de la mañana (y eso significaba volver a levantarme a las siete y media, como con mi trabajo anterior) para darle a la tecla con fiereza en la biblioteca, con la cuenta atrás del mes pendiendo sobre nosotros. A finales de 2011 había empezado con Esto no es dramático, pero me había pasado lo que casi siempre: sin un plan claro de lo que escribir, tirado por los leves momentos de inspiración y a empujones, empecé a dejarla morir en cuanto llegué a las treinta páginas.

Desde entonces he querido terminar esa historia, sacármela de dentro para poder pasar página. Y aproveché la oportunidad. Releí esas treinta páginas y las condené al Infierno. Empecé de nuevo citando en el primer párrafo de la novela a Cristiano Ronaldo y con el único objetivo de llegar a las 50000 palabras. Por el camino descubrí algo muy importante: no es la inspiración, estúpido.

La inspiración es  un cuento de brujas, un mito cómodo para justificar la vagancia. Pero si algo tienen en común los grandes escritores, preparen como preparen sus narraciones, es la artesanía. La artesanía es incómoda, requiere sentarse todos los días delante del ordenador y escribir durante horas. ¿Cómo no íbamos a abrazarnos todos los vagos del mundo a las Musas?

NaNoWriMo te pone frente al espejo y te obliga a aceptar que te has estado mintiendo. Que puedes tener talento, potencial…puedes tener un montón de palabras bonitas, pero todo este tiempo te ha faltado trabajo. El escaso mes que tienes por delante para fraguar una novela de 50000 palabras te exige dejar las gilipolleces, las excusas baratas y la holgazanería. Sólo escribir.

Rápidamente nos dimos cuenta de que, si manteníamos el ritmo, tendríamos finiquitado el desafío con mucha antelación. Yo surcaba los cielos a unas 3000 palabras por día (salvo los fines de semana, uno de ellos de forzado descanso para dar un taller de empleo). Enrique, a la velocidad luz, lanzaba más palabras aún. Qué sensación, darte cuenta de que cuando por fin te liberas de artificios y corazas estúpidas (miedo al fracaso, a no estar a la altura, a no ser grande…) puedes escribir casi todo lo que quieras.

Pero lo mejor de NaNoWriMo no ha sido eso. Lo más maravilloso ha sido llegar a ese punto de la historia en el que no puedes hacer lo que quieras con ella. Ese momento mágico en el que el verdadero control de la trama está en manos de los personajes, en el que no les puedes forzar a hacer lo que tú quieres para que todo quede “bonito”. Abrazarse a la coherencia y abandonar la estética forzada…Ahí está el mejor momento escribiendo Esto no es dramático, cuando los personajes se independizaron y me forzaron a terminar su historia.

¿Qué más decir? Que es posible, pero tienes que querer hacerlo de verdad. Aquí no valen las medias tintas, los “mañana me pondré y recupero”, las dudas y los melodramáticos bloqueos del escritor.  Citando a Bukowski en Factótum (1975):

Si lo vas a intentar, llega hasta el final. De otro modo, ni siquiera empieces. Esto puede significar perder novias, esposas, parientes e incluso es posible que tu cordura. Puede significar no comer nada en tres o cuatro días. Congelarse en el banco de un parque. Cárcel. Escarnio. Burlas. Soledad. La soledad es un regalo. Todo lo demás son pruebas de resistencia, para saber cuánto lo quieres en realidad. Y lo lograrás, a pesar del rechazo y los peores pronósticos. Y será mejor que cualquier cosa que pudieras imaginar. Si lo vas a intentar, llega hasta el final. No hay otra sensación como esa. Estarás a solas con los dioses y tus noches se incendiarán con fuego. Cabalgarás directo a la carcajada perfecta. Es la única buena pelea que existe.

Nos vemos el próximo año.

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  1. […] última hora (ayer mismo) me lo he pensado, pero he acabado volviendo a NaNoWriMo. Disfruté mucho de la experiencia el año pasado. Por un lado me sirvió para acabar una novela, vale, pero lo que se hizo realmente delicioso fue […]

  2. […] mucho la experiencia de del NaNoWriMo del año pasado. Llevaba tiempo sin escribir, algo atascado, con proyectos a medias y la tontería llorosa del […]

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