Javier Alemán

La tragedia de ser Machine Head

In Listas Spotify, Música on diciembre 1, 2014 at 10:29 pm

Bloodstone__Diamonds_album_cover

Machine Head fueron uno de mis grupos favoritos. Y quizá lo sigan siendo.

Es un grupo que lo ha tenido difícil. De los fundadores originales sólo queda el omnipresente Robb Flynn, vocalista, guitarra y padre del proyecto (aunque Dave McClain, el batería, lleva desde 1995). Imagino que la personalidad del señor Flynn será un poco…apabullante, pero también están actualmente en el ciclo en el que más les ha durado el otro guitarrista (Phil Demmel, que lleva desde 2002 y ya estuvo en Vio-lence con Flynn). Un grupo que ha debido cargar primero con un impresionante disco de debut (Burn my Eyes, 1994) y ahora sigue padeciendo el calvario de haber parido uno de los mejores discos de metal moderno de la historia (The Blackening, 2007)

Empiezan con un disco de thrash hipervitaminado, plagado de guitarras pesadas, armónicos, groove y voces guturales. Una patada en la boca en la que no sobra una sola canción, con un ritmo perfecto y un set coherente, en el que se permiten experimentos como la casi-instrumental Real Eyes, Realize, Real Lies. Su debut se convierte (en su momento) en el más vendido de la historia de Roadrunner Records, y aunque ellos no lo saben, comienza a fraguarse su propia tragedia. Porque llegará un segundo disco fantástico (The More Things Change…, 1997) pero que no llega a la altura del debut, con el cambio previo de batería y de guitarra en la gira.

Y llega el nu metal a la escena. Ya había surgido en 1994, pero ha cobrado tal importancia que a finales de los 90 y principios de los 2000, si no hacías nu metal no salías en ninguna parte. Machine Head se suben al carro con The Burning Red (1999), el disco con el que les conocí. Aunque niegan las acusaciones de veletismo y atribuyen el “nuevo sonido” a la influencia del cambio de guitarrista (Ahrue Luster ha entrado por el talentoso Logan Mader), no deja de ser sospechoso que recurrieran a Ross Robinson para la producción del disco (pope del estilo) en vez del habitual Colin Richardson. En su momento, a servidor (con mucho menos criterio y sin haber oído los discos previos) le encantó, pero es un disco que ha envejecido muy mal. Está plagado de relleno, de letras de furia adolescente típicas del género y los momentos de rap suenan ridículos si conoces la historia del grupo, por impostados. ¿Se vendieron o realmente quisieron probar un nuevo sonido porque estaba claro que no iban a igualar nunca a Burn my Eyes? Quizá un poco de las dos cosas.

Con ese disco (que tantísimo me gustó en su momento) se inicia el peor momento de la banda, sus anni horribiles particulares. Porque llegará Supercharger (2001) para terminar de demoler la credibilidad del grupo. Incluso con mis 16 años y mis ganas de gustarme el disco me di cuenta de que a pesar de algunas canciones (que me siguen pareciendo buenas a día de hoy), eso no se sostenía por ninguna parte. Más teenage angst impostado, incluso con una canción ridícula sobre la vida horrible en el instituto. Vendieron mucho, pero bordearon la irrelevancia.

Peleas con la discográfica, el abandono de Ahrue Luster y Phil Demmel llegando para poner las cosas en su sitio. ¿Realmente es tan relevante el segundo guitarrista en las composiciones del grupo, o se le pasó la novelería a Robb Flynn con el nu metal? Surge de las cenizas Through the Ashes of Empires, en un 2003 en el que ya nadie les esperaba. Tal era el ostracismo que salió medio año más tarde en Estados Unidos (primero llegó a Europa). Un disco inmenso, una vuelta al thrash de la Bay Area pero donde ya se intuían desarrollos más progresivos y la influencia heavymetalera, que recuerda algunas veces a Iron Maiden. Lo mejor estaba por llegar y se llamaba The Blackening (2007). Obra cumbre del grupo, por fin el sonido es inmensamente propio e inimitable: thrash, pero también metal más moderno, desarrollos larguísimos y progresivos, solos que recuerdan a los ochenta y ocho canciones para llegar a 61 minutos de álbum. Si Burn my Eyes parecía insuperable, algo con lo que la banda no podía luchar, ahora llegaba uno de los mejores discos de metal moderno de la historia, lo apartaba con un gesto de desprecio y se sentaba en el trono. Nadie puede batirlo.

Ni siquiera el propio grupo, claro. Segunda parte de la tragedia: volver de entre los muertos, superarte a ti mismo…y saber que ahora sí, nunca jamás llegarás a ese nivel. Lo han intentado con Unto the Locust (2011), un buen disco que no resiste la comparación (y con momentos penosos, como coros de niños, intentando apelar a la épica) y ahora vuelven con Bloodstone & Diamonds (2014).

Ojo, su último disco es bastante bueno, mejor que el anterior. Pero sigue estando a años luz de su obra cumbre. Aunque tiene momentos brillantes como la sección de cuerda del vampírico Now We Die, le sobran unos cuantos temas, que alargan innecesariamente la experiencia. Coqueteos con el stoner, un sonido cada vez más heavy, momentos que recuerdan a Iron Maiden y Megadeth…y al menos no hay coros de niños.

Pero ay, ser Machine Head es una tragedia inmensa. Pares un primer disco excelso que crees que nunca podrás superar, y tras un duro éxodo al nu metal vuelves para crear algo aún más grande, histórico. ¿Y ahora qué haces? ¿Sigues sacando discos como si no hubiera pasado nada? Hagas lo que hagas, ahí está The Blackening, recordándote que ya fue tu momento y que nunca volverás a esa cima. Qué duro debe ser vivir con eso.

PD: Sí, en el fondo todo esto era una excusa para colar la lista de Spotify que he hecho de Machine Head.

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  1. Una radiografía excepcional de la mejor banda de las últimas décadas, a pesar de Supercharger, a pesar de la insoportabilidad de un líder, genio también, que lucha por salvar los últimos años de eso que solo los hijos de Rob Flynn, podemos llamar Machine Fucking Head.

  2. […] gracias a Metallica, otro de mis grupos favoritos durante mucho tiempo fue Machine Head (de los que ya hablé aquí) y a lo largo de mi vida me han acompañado muchísimo Muse, Maybeshewill, Megadeth…hasta […]

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