Javier Alemán

La Ciudad de las Antorchas (Dioses Extraños)

In Rol on diciembre 8, 2014 at 10:19 pm

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Hablemos de la primera partida de la historia a Dioses Extraños.

Mi amigo Enrique Castro, además de tener la escritura como pasión, tiene una dedicación un poco extraña: crea mundos. ¿Qué nombre le ponemos a esta profesión? ¿Demiurgo, geogonita? Lleva años trabajando en sus propios mundos, no para crear un torrente de novelas ni ninguna obra derivada, sino más bien para generar escenarios por el mero hecho de hacerlo.

Y sin embargo, una vez los mundos están creados, sus propios habitantes te piden que por favor desciendas a ellos, que se mezcles entre su plebe, que te llenes los zapatos de ese barro primordial que ha surgido de tus entrañas. Ante semejante imperativo moral, entiendo que Enrique no ha podido evitar más los cantos de sirena y ha tenido que encontrar el traje de buzo adecuado para sumergirse en ellos: un juego de rol.

Tras terminar el juego de rol de Máscaras de Matar (atentos a cuando salga, que lo va a petar), el primero de sus mundos propios en el que se ha puesto a trabajar es el de Dioses Extraños.

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Particularmente, creo que es mi favorito de los que tiene, así que cuando empezó a trabajar en el Quickstart para presentarlo en sociedad quise implicarme rápidamente. Todo buen juego de rol necesita una partida de prueba para depurar, y aunque jamás en mi vida había tocado el sistema FATE (y mucho menos FATE Acelerado) me lancé a la piscina. Precisamente, lo suyo es que alguien que no ha creado el juego sea el que lo ponga a prueba, que trate de generar una partida interesante con el contenido del Quickstart.

El propio Enrique se unió como jugador a la partida, al igual que Miriam, que además de mi señora es una jugadora fantástica. Ahora tocaba preparar el escenario y crear una trama interesante con las herramientas que tenía delante, sin más conocimiento del mundo de juego que las veinte páginas del documento que me había pasado Enrique. Hace mucho, mucho tiempo, que no encaro una partida sin saber tan poco sobre su mundo. Con mucho esfuerzo, empapándome de la ambientación, surge Engur, la Ciudad de las Antorchas, el primer escenario concreto que se crea para el juego. A través de sus calles interminables, plagadas de antorchas que siempre han de permanecer encendidas, hemos vivido a lo largo de cuatro sesiones una pequeña partida inicial que creo ha quedado muy bien, con los dos jugadores muy metidos en la ambientación, tanto que se dejaban llevar por el propio personaje hasta el punto de hacer cosas que perjudicaban al propio jugador.

Porque el mundo de Dioses Extraños es un lugar cruel y extraño. Una inmensa prisión espiritual, con el perpetuo océano del Mar de Suf que cubre la tierra, con regiones secas llamadas Tiviles donde la humanidad persiste con demasiado esfuerzo para tan poca recompensa. Un mundo en el que la reencarnación es un hecho horrible, donde las almas son purgadas entre cada ciclo en las prisiones horribles bajo el mar con las que cada ser humano sueña el resto de noches de su vida. Un juego que puede recordar a Wraith: El Olvido con su Tempestad, pero también a Kult con su Demiurgo y la cárcel gnóstica que envuelve todo, la Kenoma. Con tecnología extraña que pervive gracias a las almas, con cultos aún más extraños que buscan la salida (o quizá ascender en la propia prisión), escapar de los incognoscibles Arcontes que nadie ha visto pero que gobiernan con burocrática malicia cada aspecto de la vida, una ley llamada Heirmámene que todos deben acatar.

Creo que los tres que hemos participado en la primera partida de la historia de Dioses Extraños hemos acabado satisfechos. No ha habido grandes locuras ni pirotecnia abrasadora, pero sí una fidelidad brutal a la idea original del juego, hasta las últimas consecuencias. Ambos jugadores se han abrazado rápido a la extraña moralidad de Engur, y yo mismo me he visto cómodo precipitándome en el Mar de Suf. Tras jugar tengo el convencimiento de que Enrique se trae algo grande entre manos, que podrá sacar mucha información de esta partida para mejorar el futuro juego y que va a petarlo, porque es algo original, muy distinto y trabajado.

De hecho, ardo en deseos de que lance el Quickstart y conozcáis su mundo. Puedo decir con orgullo que también lo que hemos hecho Miriam y yo tendrá una leve presencia, y que seguro que algún día alguien también tiene pesadillas con Engur, la Ciudad de las Antorchas.

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  1. […] que escribí (y luego reescribí) mi primer relato serio de vampiros y también el año en el que diseñé un escenario para un juego de rol que no ha nacido aún. Nada mal, […]

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