Javier Alemán

El año 2014 en libros

In Literatura, Resumen año on enero 4, 2015 at 7:43 pm

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Ay, los propósitos de año nuevo.

A inicios del año pasado reflexionaba sobre la estacionalidad de mi hábito lector. No lo voy a repetir porque está todo aquí. Como siempre suelo hacer, un rosario de lamentaciones con la firme intención de cambiar para el año entrante. Y como era de esperar, el propósito no se cumplió: fue un total fracaso y he seguido leyendo con la misma asiduidad (aprovechando los viajes de trabajo y las largas horas en el avión, en la guagua o en el barco). Si acaso ha mejorado en algo: ahora también, aburrido, prefería empacharme de libros en la habitación del hotel mientras mis ex-compañeros de trabajo se emborrachaban varios pisos más abajo.

Pero como aburro hasta las ovejas con las solemnísimas promesas, ni siquiera voy a proponerme leer más. Si lo consigo, muy bien. Y si no lo consigo, muy mal. He abandonado (de momento) esa vida de estar cada cierto tiempo yendo a reuniones vacuas y voy a tener menos excusas que nunca para ponerme a leer, pero espero toparme con lecturas que me llenen lo suficiente como para quitarme la estupidez.

¿Pero cómo ha sido 2014 en libros?

Ha sido al mejor en número, eso sí es verdad. Se vuelve a repetir lo de leer más no-ficción que ficción y empieza a preocuparme. Este año ha tocado ensayo. Algunos bastante interesantes, como España contra el Estadosobre las estructuras que configuran la democracia española, o Extra Life, una recopilación de ensayos sobre videojuegos. Por ahí han caído varios libros sobre psicología y empresa, mitad por gusto y mitad por obligación, además de ese género que me tiene tonto que son los libros sesudos sobre fútbol (fantástico Senda de campeones, de Martí Perarnau, sobre la ahora denostada Masía del Barça).

El año marcó también la vuelta al cómic, aunque sea tímidamente. Cayeron Hate Jazzun pequeño gran cómic sobre Nueva York y el jazz y El Viejo Logan, un desaprovechado post-apocalipsis de Marvel.

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Así hasta llegar a la novela de ficción, la gran abandonada del año. Fundamentalmente, ha sido el año de Mircea Cărtărescu, un señor al que no había tenido el placer de conocer. Aunque he leído por ahí que Las Bellas Extranjeras no es ni de lejos lo mejor del autor rumano, me encantó el aire socarrón que permeaba el libro y esa neblina kafkiana que impregna los tres relatos que lo componen. Gracias mil a mi señora, a la que se lo robé (junto con En el bosque, bajo los cerezos en flor; del que ya hablé.

Además del rumano, mi verano lo marcó Houellebecq con su El mapa y el territorio. Siento la tentación de decir que es su mejor novela, pero probablemente mañana piense algo distinto y huya a La posibilidad de una isla o Las partículas elementales. No sé por qué, pero algo hay en el autor francés que me reconcilia conmigo mismo, con mi percepción de la belleza y mis propias ganas de escribir. Un escritor que te hace querer ser escritor.

Lo único bueno que puedo decir es que a finales de año, ya establecido en Tenerife y sin viajes de empresa, sí que conseguí remontar un poco y leerme unas cuantas cosas: a destacar Atlas de islas remotas, libro que no sabría clasificar, La Náusea de Sartre (por fin) y esa maravilla llamada El hombre en busca de sentido, que todo el mundo debería leer.

Vale, ahora lo pienso, y lo cierto es que ha sido un buen año y estoy aquí llorando. Más libros que en 2013 y probablemente de mayor “nivel literario”, además de un tímido repunte a finales de año sin “estacionalidad lectora”. Así que un buen año.

Y sin embargo, lo que más recordaré de 2014 no es tanto lo que he leído (que también, en especial a Cărtărescu) sino lo que he escrito. Ha sido mi año más prolífico hasta ahora, y espero dejarlo en ridículo dentro de un tiempo. Ha sido el año de mi segunda novela (que humilla a la primera en todos los aspectos), Esto no es dramático, pero también el año en el que he escrito más relatos (que tarde o temprano están destinados a aparecer en una antología). Ha sido el año de la conversión de Ícaro a algo más fácil de filmar, para un corto. El año de mis dos mejores cuentos: Las reglas de la felicidad y La boda del siglo. El año en el que escribí (y luego reescribí) mi primer relato serio de vampiros y también el año en el que diseñé un escenario para un juego de rol que no ha nacido aún. Nada mal, oiga.

Me gusta, esto de reflexionar y recordar. Empieza uno lamentándose por un 2014 poco florido y sale a lomos de un año prolífico. Ha sido un placer.

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