Javier Alemán

El bosque incesante (Toundra en Aguere Cultural)

In Conciertos, Música on abril 26, 2015 at 11:11 pm

toundra

Sold out de Toundra.

Bonita forma de abrir cuando es la primera vez que vienes a la isla. Y es que llevo años pensándolo: a medida que Internet acerca la música a las generaciones venideras (y a nosotros, los puretas), cada vez estoy más convencido de que incluso en Tenerife es posible llenar conciertos de música alternativa cuando las entradas están a precios razonables. En esto está haciendo una labor impagable el proyecto Aguere Cultural (y La Choza de Doe, aunque lo disfruten más en la isla vecina), y ahí está la prueba: la sala a reventar y gente quedándose fuera porque no quedaban entradas.

Tenía ganas de ver al grupo (la última vez fue en Madrid, hace ya cinco años) y de catar su nueva referencia, IV (2015) en directo. Si de paso sonaban temas más clásicos y se prodigaban con III (2012), cuyas canciones tampoco había oído en sala, mejor que mejor. Así que con esa expectativa esperamos al grupo.

Los pájaros cantando y casi podía escucharse el rumor de las hojas de los árboles mecidas por el viento. El inicio de Strelka, la canción que abre su último disco. Uno pensaría que la música instrumental (a ellos no les gusta que les metan en el saco del post-rock) es un freno a la hora de conectar con el público, sus conciertos una especie de burbuja que encierra a los asistentes, pero no es el caso. Con los chicos de Toundra se hacía imposible no sentir una conexión, no contagiarse del entusiasmo con el que estaban tocando. Enseguida, en los primeros compases, Esteban llamaba al público a darlo todo mientras no dejaba de tocar la guitarra. La gente se volvía loca.

Se sucedieron Marte (una gozada en directo) y una de mis favoritas, Magreb, cuando empezaron los incidentes con el sonido. No por la acústica de la sala, que es más que decente, sino porque durante un rato pareció haberles mirado un tuerto: a mitad de Magreb la guitarra de Macón dejaba de sonar. Y sin embargo, ahí fue cuando se notaron las tablas del grupo. Habrá músicos que se cabreen o se desesperen con este tipo de incidentes, pero los integrantes de Toundra lo encajaron hasta con simpatía. Siguieron tocando, prolongando uno de los pasajes de la canción, hasta que la cosa quedó resuelta. Sin más, con agradable naturalidad. Mientras los escuchaba me daba la sensación de que esta versión de Magreb sería única, una especie de regalo de circunstancias para el público de la isla.

Cómo lo harían de bien, que aún con algunos problemas adicionales es imposible ponerse a hacer una lista de ellos. El incendio del bosque (motivo en el bonito videoclip de Oro Rojo) había empezado a propagarse, y sólo Lluvia dejó algo de respiro al público. A partir de ahí una Belenos preciosa, seguida por la dupla que inicia III, Ara Caeli y Cielo Negro, y unos Kitsune y Zanzíbar tan bien encajados que parecía que fueran parte del mismo álbum. La química del grupo en el escenario había dejado al público entusiasmado: gritos, aplausos… Incluso alguna que otra voz reclamando canciones en la sala.

Llegó Oro Rojo, y uno pensaría que acabar con ella sería lo ideal: es la última del disco nuevo y tiene un aire a punto y aparte, a tierra quemada. Pero tras clavarla quedaba una última sorpresa, como si hubieran escuchando a quien la reclamaba en la sala: Bizancio. Pero a la gente le sabía a poco. Ni siquiera les daría tiempo de hacer la pantomima de salir del escenario y hacerse un poco de rogar: tantos eran los gritos de “otra, otra” que con un par de abrazos solventaron la papeleta y volvieron a recompensar al público con unos bises.

Espírita (con ese peculiar grito a mitad de la canción) y la clásica Medusa para cerrar, único tema de su primer disco y broche de oro para un concierto maravilloso. El directo de Toundra sería valioso por sí mismo si se limitaran a clavar las canciones, a entregarlas con afán de funcionario, porque tienen un repertorio que no ha de envidiar nada a nadie. Pero si encima se suma la conexión por el público y esa maravilla que es ver al grupo disfrutando cada compás de lo que tocan, queda un concierto maravilloso. El bosque ardió, y ni la lluvia ni los fallos técnicos pudieron evitarlo.

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  1. […] está la movida musical por las islas de complicada, y sin embargo he podido ver en Tenerife a Toundra, Nueva Vulcano, Egon Soda y La Habitación Roja (por fin, tras apenas haberlos oído en mi vida). […]

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