Javier Alemán

Las Cuchillas (Relato Dioses Extraños)

In Relatos, Rol on julio 20, 2015 at 10:22 am

hursag

He escrito un relato introductorio para el juego de rol de Dioses Extraños.

Es una cosa cortita, apenas 500 palabras, pero me apetecía compartirlo por aquí antes de que salga publicado en el “minimanual” que preparo con un nuevo escenario.

Las Cuchillas

La luz del quinqué se apagó, casi por arte de magia. Flotaba aún en el aire el aroma de una llama aceitosa que había sido su única iluminación durante una serie de incontables horas. El olor se mezclaba con el hierro de su propia celda, que apestaba a la sangre de todos los que habían estado antes que él. No era desagradable, o más bien, allí en la oscuridad también podía separarse de él.

Los gritos de una mujer sonaban en la distancia. Aullidos, casi como de un animal, un triste pajarraco gritón siendo torturado. Por experiencia sabía que tras el turno de la mujer lejana le tocaría. El esquema era siempre el mismo. Primero algo de comida (pan duro, alguna verdura gomosa) y la promesa de que hoy sería (con suerte) el último día. Luego un portazo en la estancia y la soledad. El tiempo avanzaría con calma mientras dedicaba un rato a repasar los tormentos de las Prisiones de Hierro y los comparaba con estos. Era evidente que el Carcelero (así llamaban al pobre idiota) buscaba imitarlos. Quizá a los Arcontes les complaciera, pero sin duda eran un burdo sucedáneo carente de inspiración, el trabajo de alguien que no ha entendido nada.

Tras ese espacio de tiempo dedicado a meditar, dentro de su celda, sobre las exquisitas penurias de las vidas anteriores, tarde o temprano moría la llama. La mujer gritaba. El Carcelero volvía y le torturaba. Le rajaba con cuchillas físicas, liberando la sangre de su cuerpo lenta y rabiosamente. Daba martillazos en los barrotes ensordeciéndole. Se iba y volvía, como para fingir que el tormento terminaba. No había nada original en su castigo, una armonía repetitiva y previsible de cortes y vejaciones.

Esta vez empezó prometiéndole, con su voz de rata malnutrida, que por fin iba a darle algo a la altura de su posición. El pensamiento le produjo entusiasmo al prisionero: al fin y al cabo era para lo que se había dejado capturar. No paraba de oír leyendas sobre un ser terrible que raptaba a quien viajara en soledad entre los distintos enclaves mineros, una criatura más cercana a un Etemmu que el harapiento ejemplar de ser humano que tenía delante.

La luz volvió, y con su iluminar mortecino pudo comprobar la primera diferencia: su captor lucía una capucha basta, casi un saco con dos agujeros. De ellos escapaba un brillo extraño, un indicador de que por fin el Carcelero iba a mostrarse tal cual era.

– Tengo también a Marfa.

Sólo eso, con voz afectada, antes de apagar de apagar afectadamente la luz, regodeándose por su victoria. Nuevos alaridos, ahora familiares, comenzaron a escucharse con el paso del tiempo. Sin duda su captor sabía lo que hacía, pero fallaba de nuevo: le estaba ayudando a separarse del dolor de su cáscara mortal, y ahora le ayudaba a despojarse de su propio corazón. Unos días más y no quedaría nada del prisionero, ni cuerpo ni alma ni nada más que el vacío. Por fin, un Ángel extinto.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: