Javier Alemán

Sumisión

In Literatura on septiembre 3, 2015 at 1:35 pm

sumisión

Cuando uno lee a Houellebecq siempre lo hace con un poco de miedo.

Porque, reconozcámoslo, el personaje que proyecta es francamente repulsivo. Quién sabe si ensayado o si todo lo que muestra es real, pero se hace difícil conciliarlo cuando uno no comparte sus ideas. Una suerte de Vargas Llosa francés, más antipático, misógino y enfanterribilítico, pero que escribe bastante mejor que el peruano y tiene la decencia de guardarse sus opiniones sobre la prensa del corazón.

Así que enfocaba con miedo la lectura de Sumisión (2015), un último libro que ha llegado devorado por la polémica y precedido en horas por los terribles atentados a Charlie Hébdo. Temía encontrarme con un poco lo de siempre, pero magnificado por esa vejez que tan mal está llevando el autor, que tuvo el tino al menos de posponer la presentación del libro, que iba a ser el mismo día de la tragedia. Todo el mundo tenía una opinión ya hecha, probablemente merecida: el libro no sería más que un ataque de islamofobia, un 1984 vociferante y lloroso en el que desaparece la civilización francesa ante los malvados musulmanes.

Y para nada, la verdad.

Que a Houellebecq no le ilusiona el Islam es algo tan obvio que tampoco hace falta detenerse mucho en él. Pero es que al escritor francés parece no ilusionarle nada. Paradójicamente, aquí el Islam se libra de gran parte del grueso de la crítica, que va sobre todo enfocada al fracaso de la socialdemocracia francesa y el proyecto nacional. Nos presenta un 2022 en el que las ilusiones y el polo izquierda-derecha ha sido roído por el hastío, el abatimiento de una sociedad que ha ido viendo cómo sus valores se van consumiendo en la pira de un neoliberalismo que tampoco da soluciones.

Aquí parece querer trazar el mismo viaje con su protagonista, un profesor de universidad llamado François, que el que hizo el escritor Joris-Karl Huysmans: desde la abulia burguesa y el decadentismo hasta la conversión al catolicismo. Gran parte del libro está dedicada, fundamentalmente, a hacer hincapié en el abatimiento de su protagonista, en esa llama que se le va apagando con la edad, su imposibilidad de formar relaciones serias con las mujeres y el lento declive del disfrute intelectual. Un protagonista clásico del francés.

Por el camino, el Frente Nacional es presentado más como “malo de la película” que el ficticio partido musulmán en el que se vuelca la población en la segunda vuelta de las elecciones. Hasta ahí el escenario es plausible, pero con la victoria y el establecimiento de Francia como república islámica llega la caricatura. Porque no es sorprendente que con la explosión demográfica y el terror que inspira Marine Le Pen la sociedad se vuelque en otro partido en la segunda vuelta para que no presida. Lo increíble es que luego los franceses asistan impávidos a una serie de cambios que van desde la desintegración de la enseñanza pública hasta la desaparición de la mujer de los núcleos de poder. En Francia, por mucho menos, empiezan a quemar camiones (y qué envidia, oye).

Houellebecq no acierta con su distopía, pero tampoco se puede decir que lo intente. Es un telón de fondo, unas páginas escasas, entre todo el viaje espiritual que experimenta François. De hecho, se le puede adivinar cierta admiración no ya por el Islam, sino por la fe religiosa como reducto de maravilla y fascinación con el mundo. Su protagonista tendrá que decidir en un determinado momento si se convierte, y aunque pesará la parte pragmática y la terrible vuelta al patriarcado, el martillo argumental es la sumisión a Dios y su Creación.

Está claro que al francés le pesa el fin de la historia y la propia existencia, porque sus dos últimos libros (éste y El mapa y el territorio) vagan por alternativas al mundo actual. Uno planteándose la vuelta al espíritu y la religión, otro abogando por la comunión con la naturaleza. Al final el libro se hace disfrutable, aunque quizá esté entre sus obras menos brillantes. Lo curioso es que acabe siendo no tanto un ariete contra la “islamización de Europa” como contra las promesas incumplidas de la socialdemocracia y el liberalismo.

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  1. […] un nivel más literario, Sumisión de Houellebecq me gustó, pero me dejó un poco frío y la primera incursión de la Nobel Herta […]

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