Javier Alemán

Invisible

In Literatura on febrero 10, 2016 at 10:05 pm

austerinvisible

Vuelvo este año a Auster.

Y es que hacía ya tiempo desde que la fiebre por el autor de Nueva Jersey me hiciera zamparme una buena cantidad de sus libros. Quedaba aún Invisible (2009), que adquirí durante esa época de consumo voraz pero había permanecido en la estantería. Embarcado como estoy en el intento de leer más ficción que no-ficción este año, era la elección más obvia tras terminar Los Desposeídos (1974), de Ursula K. Le Guin (del que ya hablaré).

Invisible es puro Auster, una especie de sublimación de varias de las filias más transitadas por el autor. Abre con la historia de Adam Walker, un estudiante judío-polaco de literatura en Columbia (clarísima proyección de él mismo) durante 1967, a partir de la noche en la que conoce a Rudolf Born: un profesor francés de política internacional tan seductor y encantador como malévolo.

Lo que podría ser simplemente una novela negra construida en torno al derrumbe moral del protagonista al presenciar un crimen da rápidamente un vuelco. Ahí aparece Auster, ahora sí, con un juego de metanarración para construir varias ficciones. Es el propio Adam Walker el que ha escrito su historia y se la ha mandado a un amigo escritor, James Freeman, para que la lea y corrija, cuarenta años después. Estructurada en tres actos, con interludios en los que narra James, cambia varias veces de lente para plantearse qué es exactamente la verdad, y si merece la pena averiguarla en algún momento.

Quizá haya alguna artimaña un poco tramposa, como el uso de distintas personas en la narración, aunque las justifica el contexto de un Adam deshaciéndose mientras escribe y de la curiosidad que va generando en James, la necesidad que acaban teniendo de verse para hablar.

Hay muchas, muchas cosas en Invisible. Está el momento histórico, la posibilidad de acabar reclutado en la terrible Guerra de Vietnam, el París de 1967 (y de mayo del 68), la cobardía y la traición… Pero lo verdaderamente interesante no es tanto la propia narración de los hechos sino la vida interior de los personajes y los cambios que operan en ellos al volver los fantasmas de hace cuatro décadas. Cuatro décadas en las que le ha sido imposible a Adam olvidar el verano de 1967, la relación con su hermana, el profesor Born y lo que luego le ocurriría en París.

Auster hace algo similar a lo que hizo Ian McEwan con Expiación (2001). La historia quiere ser un hecho real dentro de la ficción, pero también cabe preguntarse cuánto hay de real en el hecho mismo. Ficción dentro de realidad, dentro de ficción. La verdad como asunto que no acaba por interesarle a nadie. Porque al fin y al cabo, ¿no ha pasado realmente, al menos dentro del lector y de la cabeza de Adam Walker?

No me lo imaginaba al principio, pero Invisible crecía a medida que la leía. Empezó pareciéndome un poco floja, pero me noqueó a mitad y sólo me permitió boquear para terminarla. Auster nunca defrauda.

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  1. […] también a David Vann con Goat Mountain,  a mi querido Ballard con Rascacielos, a Auster con Invisible y a Palahniuk con Nana (años buscando el puto libro) y la continuación en cómic de El Club de […]

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