Javier Alemán

El Señor de las Moscas

In Literatura on abril 22, 2016 at 7:25 am

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Mira que tiene delito que no me lo hubiera leído aún.

A nadie le coge de nuevo El Señor de las Moscas, ya no. El libro, de 1954, fue todo un pelotazo a los años de su salida (no al principio, que fue recibido con frialdad) y es comprensible. Trasladar la reflexión moral al mundo de la infancia, el choque entre civilización y egoísmo, entre la censura social y la libertad individual, fue una cosa gorda. Porque al igual que con el nacimiento del psicoanálisis y su foco en la sexualidad infantil, no estamos (o más bien, no estábamos) acostumbrados a pensar determinadas cosas sobre esos seres de luz que son los niños.

Pero, insisto, a día de hoy es muy complicado que te impacte con toda su fuerza. ¿Quién no conoce, aún no habiéndola leído, detalles sobre el argumento de la novela? Se le ha sacado tanto jugo y dado tanto carrete que es bastante probable que uno conozca el final o los detalles más escabrosos de ella. Y en todo tipo de medios, videojuegos incluidos. Por un lado hay una misión en Mass Effect 2 que parece un enorme homenaje al libro, por el otro una de las del último Metal Gear Solid que tiene la sutileza de sacar no una, sino dos cabezas de cerdo por si no nos quedaba claro.

Por ello no voy a hacer una reflexión profunda sobre él, porque ya muchísima gente lo ha hecho mejor antes. Pero sí un par de detalles.

Para empezar, me fascina la inmensa carga simbólica que lleva. No hay prácticamente un personaje que sobre, que no represente una de las fuerzas antagónicas que acabarán luchando en la isla. Están la racionalidad, el salvajismo, el liderazgo democrático… incluso la ternura y el mesianismo. No tiene los defectos de ese primer libro que suelen acompañar a muchos escritores, pero es que William Golding tenía 43 años cuando se publicó. Una oda al hacer las cosas bien y despacio en vez de las prisas de hoy en día.

El estilo del autor, por cierto, tiene un equilibrio muy potente entre lo visual y emocional. Lo he leído en español, con una fantástica traducción de Carmen Vergara, y tiene pasajes realmente bellos. Luego un repaso en inglés lo confirma. El uso que hace del paisaje, especialmente del mar en los últimos capítulos, crea un matrimonio muy bien avenido entre el lector y lo que debe sentir.

Y para acabar, El Señor de las Moscas tiene uno de los pasajes más angustiosos sobre la caza que he leído. En ningún momento de la narración lo pasé tan mal y empaticé tanto como cuando los niños persiguen y dan caza a una cerda. Probablemente no fuera la intención del autor, más centrado en la degradación moral de los críos, pero si algún día tuve intención de cazar (más bien no), esa descripción la arrancó, pisoteó y arrojó a un agujero muy profundo e inescapable.

Como sostenía al principio, pueden decirse muchas cosas del libro, pero ya están dichas en multitud de lugares. Sobre todo es un texto profundo y una lección de escritura para quien quiera tomarla: se puede ser intenso en lo sencillo, reflexivo sin ser cargante y trascendente sin ser un pesado pretencioso.

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