Javier Alemán

31 Canciones

In Literatura on mayo 24, 2016 at 5:24 pm

31canciones

Realmente, no he leído demasiado de Nick Hornby.

Claro, he leído Alta Fidelidad (1995) y es uno de mis libros (y películas) favoritos (¿cómo no iba a serlo?), pero del resto de su catálogo sólo me zampé (y hace mucho) la fantástica Cómo ser buenos (2001). Si me pidieran una explicación de por qué no he leído nada más suyo, no sabría darla. De hecho, le tengo muchas ganas a varias de sus novelas. No sé, supongo que debe haber algún tipo de miedo irracional a que no me llene tanto como Alta Fidelidad.

Por eso la apuesta segura para volver a Hornby era este 31 Canciones (2003). Más una autobiografía y una colección de ensayos que un libro sobre música (al igual que De qué hablo cuando hablo de correr va más sobre el autor que sobre el acto), lo lógico era encontrar aquí de nuevo a Rob Gordon. Igual no en toda su mismidad, al fin y al cabo Hornby ahora habla de sí mismo y no tiene que buscarse un alter ego, pero sí, aquí está.

La primera conclusión a la que llega uno, rápidamente, es que Hornby tiene gusto de padre. Cuando escribió esto estaba ya en los 45 años (yo acababa de cumplir 18… ay) y en lo que dice y los grupos que venera puedo encontrar fácilmente las estanterías de CD’s y vinilos de mi padre. Sólo le falta hablar de Pink Floyd o Dire Straits, y supongo que no lo hace pero acabará haciéndolo en algún momento. Salvada esta brecha generacional con las canciones de su vida, es fácil que cualquier melómano se sienta ahí.

Se hace muy interesante también observar que ha pasado por la misma progresión que muchos: de la adolescencia ruidosa y de iconoclastia con todo lo que pudiera sonar limpio y bonito a una edad adulta serena en la que se libera de los prejuicios y empieza a construir su gusto con ambos elementos. ¿Quién, con 15 años, no ha dejado de escuchar algo porque salía demasiado en la tele, en las revistas o directamente sonaba bien? Ahí está la confesión de Hornby y la derrota del joven ruidoso, aceptando por fin que una canción que guste a millones de personas puede estar bien, que el pop puede ser vacuo y banal y maravilloso a la vez.

Evidentemente, se intuye también ya el viejo en el que se está convirtiendo. Ya no entiende la música de los jóvenes aunque se ha hecho capaz de apreciar todo tipo de pop comercial, pero lo sobrelleva con dignidad, sin lanzarse al “antes todo era mejor”. Es sólo que él ya no está entre los destinatarios de mucho de lo que se hace ahora.

En el fondo es un libro más sobre el viaje a la madurez, las etapas que se queman y lo que uno va dejando atrás. Otro Alta Fidelidad, pero sin máscaras y una sinceridad enternecedora. Cuenta Hornby detalles sobre su propia vida que desconocía (como la convivencia y las ilusiones con su hijo autista), además de eventos de su vida que deformó para adecuarlos al disfraz de Rob Gordon, una ventana al proceso creativo y a la escritura como necesidad. Ahí, para el fan o el que tenga interés por la escritura, es donde se encuentra la chicha del libro.

Sobre las 31 canciones en concreto no hay mucho que decir. Algún que otro descubrimiento interesante y en medio una boutade gordísima, pero en general están destinadas a una generación anterior a la mía. Coincida uno o no es su lista, su historia, sus putas canciones, sólo suyas. Lo realmente interesante no es eso.

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  1. […] tuve un rato para dos libros musicales (un tratado sobre el post-rock de Jack Chuter y una recopilación de canciones de Nick Hornby) y dos de videojuegos (el ya mencionado Cuaderno de Máquinas y el […]

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