Javier Alemán

El Club de la Lucha 2

In Literatura on junio 12, 2016 at 6:43 pm

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Me asustó mucho el anuncio de la continuación de El Club de la Lucha.

Tenía todavía reciente la inmensa decepción que fue Suites Imperialesel ejemplo perfectísimo de que hay cosas que es mejor no continuar. El hecho de que además fuera cambiando de medio, dando un salto con pirueta mortal desde la novela hacia el cómic, le añadía desasosiego al asunto. Y sí, probablemente fueran prejuicios míos.

La cosa es que ya me he leído El Club de la Lucha 2 (2016), y aún digiriéndolo, no tengo demasiado claro lo que opinar sobre él. Me ha gustado, pero era difícil que no lo hiciera siendo fan de Palahniuk. O más bien, no me ha disgustado todo lo que pensaba que podría disgustarme. O no sé. Déjenme que me explaye.

Al menos no es oportunista. Está claro que no ya la continuación, sino la obra original, siguen 100% vigentes. No sólo la novela, sino la traslación a la película y ese final (¿recuerdan? La deuda mundial desapareciendo). El hombre sigue perdido en esa vorágine de consumismo, quizá más aún, amueblando su casa con muebles de IKEA y marcando el paso del tiempo con cada nuevo modelo de iPhone que surge; un devenir de los años desnaturalizado y en el que uno acaba sumergido, boqueando. Esa pérdida de la masculinidad tradicional y búsqueda de formas de contacto con la naturaleza primaria de las cosas, la huida del artefacto cultural que nos aplasta no podría ser más actual.

Palahniuk apostaba en la primera parte por la violencia, el fracaso y el nihilismo como vía de escape de la obligación del éxito vacío, pero aquí lleva un ritmo (aún) más anarquista, destructivo. El Tyler actual se traiciona continuamente a sí mismo, poseído por el ego y las mismas ansias de eternidad que quiere todo el que amuebla su casa para que quede perfecta. Sólo que quiere amueblar el mundo.

Hay cosas que funcionan muy bien, y otras que no tanto. La historia pasa muy rápido de un entorno casi costumbrista, del nivel familiar, a una escala grotescamente inmensa, que es imposible que no ponga a prueba la suspensión de incredulidad del lector. Está claro que es parte del juego del autor adoptar un aire grandilocuente y apocalíptico, mostrar un mundo con Tyler metido hasta la médula. El abanico de situaciones presenta momentos muy buenos, pero algunos tan rocambolescos que no cabrían ni siquiera en algunas de sus novelas más pasadas de vueltas, menos en una continuación de su novela madre.

Sin embargo, el cambio de medio le sienta de fábula. El cómic permite a Palahniuk seguir jugando con distintos recursos, con diálogos rotos por elementos visuales que inundan al lector tanto como al protagonista. Se pierde parte de la prosa, pero se gana en potencia y espectacularidad: quiere tener la misma cadencia abrupta y violenta que su predecesora y logra acercarse con la brusquedad que introduce en el cómic. Pero no es el primer Club de la Lucha y tampoco habría que buscarlo, flaco favor le haría al cómic.

Son los mismos personajes, con una cierta evolución (o involución) coherente, acosados de nuevo por un Tyler que uno pensaría erradicado. Víctimas tanto de sí mismos como del aparente villano. A veces el argumento chirría, y el propio autor se ríe de sí mismo con una mención explícita al deus ex machina refiriéndose al final que prepara. Final intensito, marca de la casa, con un juego metaliterario que a mi juicio no le hace demasiado bien a la historia pero sí al autor. Está claro que Chuck Palahniuk tiene dentro la necesidad de matar al hijo, de independizarse de la novela (y la película, especialmente) que le llevó a la fama como escritor.

Me da la sensación de que ahí es cuando mejor funciona El Club de la Lucha 2, como reivindicación del autor como ser independiente, tiranizado también por Tyler Durden. Para llegar hasta ahí hace unas cuantas cosas bien, pero también toma atajos algo cutres y se adentra en caminos tan lejanos que podrían parecer pertenecientes a un mundo distinto al de la primera novela. Gana Palahniuk por una vez y está en su derecho, pero sus lectores hemos sufrido una pequeña derrota.

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  1. […] Invisible y a Palahniuk con Nana (años buscando el puto libro) y la continuación en cómic de El Club de la Lucha. Sólo me quedó pendiente, como cada año, La Broma Infinita, de Foster Wallace. A ver si para […]

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