Javier Alemán

Nosotros

In Literatura on agosto 19, 2016 at 3:42 pm

nosotros-yevgueni-zamiatin

Toca distopía rusa.

Parece mentira que no conociera Nosotros (1921) hasta hace relativamente muy poco. Como fan de la novela distópica, no haber leído la que fue precursora (reconocida) de obras como 1984 o Un Mundo Feliz (aparte de los cuentos para niños de Ayn Rand) era casi pecado, así que he tenido que subsanarlo.

Nosotros cuenta la historia de D-503, un matemático e ingeniero en el Estado Único, la última nación que existe en nuestro planeta tras una cruenta guerra que duró doscientos años. Tras haber quedado la humanidad diezmada y la población reducida a un 0,2% del total, el ser humano ha encontrado la cuasisagrada guía de la lógica y la razón, mecanizando y dando una pátina científica (basada en las teorías de la eficiencia de F.W.Taylor) a la propia vida. Para todo hay unas leyes, para todo hay un protocolo. Como la única felicidad verdadera debe ser la colectiva y ésta no es nunca la suma de las felicidades individuales, el individuo ha sido domado y aniquilado. “El Nosotros proviene de Dios, el Yo proviene del Diablo”. No hay “yo” y no hay personas, sólo números, engranajes en una máquina perfecta destinada a la felicidad colectiva.

Yevgeny Zamyatin primero padeció la cárcel de los zares y luego la de los albores de la revolución bolchevique y el comunismo, y se nota en su obra, que mezcla el temor hacia los totalitarismos con un cierto cinismo hacia el optimismo cientifista de la época. Mientras uno lo lee podría pensar que todo le suena (el inicio y las motivaciones del protagonista son muy similares a las de 1984), pero claro, es que hablamos de la precursora.

Tras leer Nosotros, una nueva lectura a la obra de Orwell hace notar muy claramente sus influencias. Aunque en este caso el tema diverge rápidamente de la política y sus mecanismos de control: en Nosotros la lucha es entre la propia naturaleza humana y su singularidad, al igual que el discurso es el de la felicidad contra la libertad; frente al clásico libertad vs seguridad.

Por eso el autor dedica poco espacio a hablar del Estado Único y su funcionamiento (sólo al principio), dejando muchas incógnitas sobre su ordenación social. Lo importante no es tanto comentar cómo ha sido doblegada la humanidad, sino el viaje que hace el protagonista de vuelta a su “alma”, a la que trata como enfermedad. Lo que iba a ser un poema edificante sobre el Estado Único, destinado a civilizaciones alienígenas (el protagonista es el Constructor de la primera nave espacial), acaba convertido en un amago de diario. La prosa es atropellada y entrecortada, emulando la de una persona confusa, temerosa y dubitativa. Funciona a la perfección para meter al lector en el quebrado estado de ánimo de D-503. También crea un efecto muy interesante la cantidad de jerga científica que maneja y cómo ésta se va desintegrando también: desde un inicio hablando de ecuaciones, del infinito y números irracionales hasta ir perdiendo el sentido y mutar a un lenguaje más corriente, plagado de golpes emocionales.

Nosotros será una de las primeras novelas distópicas, pero su valor no es sólo ese. Tiene un peso propio, una trama interesante y descripciones aterradoras sobre lo que puede llegar a ser el hombre. Probablemente su antiutopía sea menos probable que otras,  pero yo no perdería de vista el dogmatismo racionalista que empiezan a exhibir muchos iluminados.

¿Y lo peor de todo? En la novela los números, sobre todo antes de las acciones externas, son felices. No con una felicidad embotada, como en Un Mundo Feliz, sino con un optimismo sencillo y estático, impermeable.

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  1. Yo estaba en la misma ignorancia que tu, Javier! Había leído 1984, un mundo feliz etc…pero no conocía esta obra genérica. Mi “flechazo” era tal que acabo de adaptar libremente la novela en cortometraje. Se llama “The Glass Fortress”. Tiene subtitulos en espanol y catalan. Alain. Paris.

  2. […] son todos machos de Luca De Santis) y el que más autores rusos han pasado por aquí, con ese Nosotros de Yevgeny Zamyatin al que 1984 se parece demasiado y los hermanos Strugatsky (empezaré el año […]

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